Noticias medievales de la iglesia de San Miguel de Fraga (1)

Situación
La iglesia de San Miguel de Fraga está situada en la parte más alta de la histórica ciudad, en el llamado altozano de San Miguel. Popularmente pasó a denominarse castillo por haberse fortificado especialmente en las guerras carlistas. Según Berenguer-Espinosa, fue la reina regente María Cristina la que obligó a construir un fortín o casa fuerte en San Miguel en el año 1835. El Ayuntamiento tomó en consideración el mandato de la regente y acordó ejecutarlo el 14 de noviembre de 1835 según la documentación municipal. En 1836, cuando se remataban las puertas, San Miguel ya se había ganado el apelativo de castillo debido no a la función destinada de la iglesia, sino porque el aspecto exterior había quedado transformado con una muralla de tapial de cuatro metros de altura y de unos 300 metros de perímetro. La última reforma es de 2007. El pasado mes de abril el Ayuntamiento presidido por el alcalde D. Vicente Juan Juesas mostraba al público la rehabilitación reciente hecha por el arquitecto La Torre.
Consagración de la iglesia
La iglesia de San Miguel de Fraga fue consagrada de inmediato tras la conquista de la villa en 1149, y al parecer, fue su única parroquial mientras de construía la iglesia de San Pedro.

Tomada la villa de Fraga, con su término y aldeas, por el conde de Barcelona Ramón Berenguer IV, en octubre de 1149, se dispuso a la posesión de la diócesis de Lérida por el obispo Guillem Pérez, diócesis en la que quedó integrada la villa. Este obispo consagró el edificio de San Miguel y mandó la ejecución de una iglesia de proporciones mayores en San Pedro transformando la mezquita mayor en iglesia. El primer prior conocido fue Martín, a quien vemos en 1175 firmando un documento junto al sacristán de la iglesia de Fraga Egidio o Gil Sardonis.
San Miguel iglesia única hasta 1201
Las noticias del siglo XII son escasas. Son fechas de reorganización y repoblación de la villa y término. Por eso, el nuevo obispo de Lérida, Berenguer, firmaba en mayo de 1188 una primera concordia con García de Lisa, maestre de Amposta y Hospital de Lérida, por el reparto de décimas y primicias y defunciones que el maestre reivindicaba por donación real y papal. El pacto contemplaba el reparto de los impuestos de la iglesia de Fraga en partes iguales. El sucesor en la diócesis de Lérida, Gambaldo de Camporrell, firmó asimismo otra concordia en 1192 con el maestre de los templarios, fr. Ponç de Rigalt, aceptando la donación de los ingresos de las iglesias de Sena, Alcolea, Sigena, Chalamera, Ballobar y la mitad de los pobladores del secano y de la Litera de Fraga que pertenecía al Temple. Siete años más tarde volvieron a pactar ambos personajes el reparto de los términos de Monzón y Fraga, poniendo como nueva condición que si algún día el secano de Fraga se convirtiera en regadío debía pagar las décimas íntegramente a la iglesia de Fraga.

El 1201 el prior de Fraga, Martín, hizo donación al monasterio de Poblet de unas casas en la villa de Fraga, que previamente fueron del repoblador Sancho Calviç de Perarrúa, así como 12 dineros censales anuales y un albergue en la villa. En octubre de ese mismo año el rey Pedro II de Aragón, I de Cataluña, concedía a la villa de Fraga el privilegio para constituirse en municipio, o sea, con capacidad jurídica para regirse a si misma, dotando a la villa de Concejo propio, eligiendo anualmente a veinte de sus mejores habitantes, tanto entre los nobles y clero, como del pueblo. La fecha supuso el despegue de la vida social y política de Fraga, cuyos aspectos son todavía poco conocidos. Coincidiendo con el octavo centenario de esta histórica fecha, el Ayuntamiento de Fraga recibió del que suscribe una copia enmarcada de este importante privilegio, que –al parecer- guarda en una de las dependencias municipales del antiguo Ayuntamiento.

El primer cuerpo de la iglesia de San Pedro de Fraga debió estar reedificado en esa fecha histórica de 1201, y con esa circunstancia fueron nombrados vicarios para cada una de las dos iglesia de Fraga, puesto que la de San Miguel no dejó de funcionar como tal; todo ello sin que desapareciera la figura del prior, cuyo nombramiento parece que quedó reservado a la Santa Sede de Roma. Todo el capítulo eclesiástico de la villa –prior, vicarios, racioneros y beneficiados- acordaron reunirse en San Pedro –a toque de campana- si bien en determinadas ocasiones lo hicieron ante la puerta principal de San Miguel. No es de extrañar que la espectacular iglesia de San Pedro se destinara exclusivamente a la celebración de los sacramentos cristianos como bautismos, matrimonios y defunciones.  

La iglesia de San Miguel mantuvo su trascendencia. Su altar mayor, único al principio, estuvo sufragado tanto por el obispo de Lérida como por los racioneros de la de San Pedro. Además, numerosos fragatinos eligieron el cementerio exterior de San Miguel, adosado a la parte Norte y Este de dicha iglesia como lugar de inhumación. Se sabe que la iglesia de San Miguel contaba con un pasadizo que, partiendo del pie de la torre de campanas, descendía hacia el centro de la población. Además de un cementerio interior, en sus bajos.

Desconocemos si el informe previo a la actual rehabilitación ha dejado constancia de estos cementerios y pasadizos.

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