Noticias medievales de la iglesia de San Miguel de Fraga (2)

Las primeras capillas
Las noticias sobre las iglesias de Fraga para el siglo XIII son muy escasas. Podemos resaltar, por ejemplo, que en el año 1264 el obispo de Lérida y los templarios de la zona del Cinca volvieron a pactar sobre sus derechos al impuesto de las décimas de 28 iglesias de la zona, incluyendo en ellas los términos de Zaidín y el de Fraga. En esta concordia intervino fr. Domingo de Fraga, comendador de Azcona.

En 1279, el vicario Domingo Vallés sufragaba la asistencia al altar principal con 6 sueldos al beneficiado Pedro de Binéfar.  En 1280 los hermanos Domingo, Johan y Pedro Gauter había instituido una renta sobre el altar de San Miguel de 9 sueldos y 9 dineros que cobraba el presbítero Pedro Pellicer, su vicario.
 
La iglesia de San Miguel de Fraga era de planta rectangular con altar consagrado a San Miguel, altar situado en la parte opuesta a la puerta principal orientada ésta al oeste. Las primeras capillas, según informaciones de 1361, fueron la de San Andrés, la de San Juan Bautista y una tercera de la que no podemos precisar su advocación. Sendas capillas estaban dispuestas en los laterales.

La de San Andrés, instituida por Domingo de Cap de Ferre, tenía por capellán a Domingo Ferrer, posteriormente sufragada por el obispo de Lérida. La de San Juan Bautista fundada por Jaime de Poblet, padre de Antonio Poblet, tenía por capellán de la misma a Pedro de Almenar; era la primera a la izquierda junto al altar mayor. Y un tercer altar lateral instituido por Domingo de Soses cuya capellanía disfrutaba Berengario de Berbegal.

Los vicarios conocidos de San Miguel fueron Domingo Vallés (1279), Pedro Pellicer (1280), Miguel de Torres (1361), a quien siguieron otros como Guillem Catalá (de 1392 a 1413) o Gil Benet (1441-1445), Antonio Carvi (1539).

Ampliación de las capillas
Después de 1387 la iglesia de San Miguel ya disponía de seis capillas laterales, más tarde –a finales del XIX- ampliadas a ocho. En ellas fueron apareciendo diversos escudos nobiliarios conservados hasta nuestros días, como se puede apreciar en las actuales obras de rehabilitación. Los nuevos ingresos económicos que supusieron el incremento de capillas y sus respectivos beneficios obligaron al capítulo eclesiástico de Fraga a redactar constituciones comunes para ambas iglesias – San Pedro y San Miguel- en el año 1406.

Veamos algunas noticias de las capillas de San Miguel para mediados del siglo XV:

El altar de San Miguel: Disponía de un beneficio fundado por los racioneros de San Pedro que disfrutaba Simón de Çamalcoreig, con una renta anual de 25 sueldos y obligación de seis misas. Además, el obispo de Lérida García Aznárez de Añón había instituido en el mismo altar otro beneficio de 40 s. y obligación de 10 misas en favor del clérigo Francisco Ferrer. Un tercer beneficio para Juan Libra, instituido por Francisco Santángel, de 50 s. y obligación de 15 misas.

San Juan Bautista: Su beneficiado, Antonio Poblet, familiar del fundador, era el responsable de la limpieza y aseo de esta capilla. Tenía una renta de 60 s. y obligación de once misas. Este beneficio estaba unido a los de Santiago y Todos los Santos de San Pedro. En su lugar dispuso la capilla de las Once mil Vírgenes en 1541 fundado por Simón Foradada y la misma renta, pero con la obligación de 15 misas.
San Marcos: Fundada por Pedro de Montanyana, en 1425, disfrutó de su primer beneficio Gabriel de Montanyana. Parece que esta capilla era la segunda de la izquierda contando desde el altar. Tenía dos beneficios con renta censal de 100 s. cargados sobre la aljama de los moros de la villa sobre un capital de 36.000 s.j. Esta capilla presentaba grietas por la que entraba el agua de la lluvia. Disponía de una cruz de plata, que se hacía servir para el acompañamiento en el enterrar pobres. La casa que habitaba su beneficiado, Antonio d’Adonç, presbítero, pertenecía a dicha capilla y disponía de palomar y pozo de aceite. Disponía de otras dos viviendas en la casa del horno de Piera, que confrontaba con la casa de Pedro Dofegua y vía pública, pero ambas estaban en mal estado. También disponía de 33 fanegas de tierra de viña, olivera y sin cultivar que trabajaba el hermano del beneficiado. Para rehabilitar las viviendas y mejorar los cultivos se mandó al presbítero Vesiano Peyró que pusiera todo ello en arriendo. El segundo beneficio estaba a nombre de Gabriel Montanyana, hijo del fundador, que compartía las rentas del anterior. Herederos y patronos de esta capilla fueron: Guillermo de Montanyana y su esposa María de Vera, a quienes siguieron sus hijos Pedro y Leonor que contrajo matrimonio con Antonio Valentín Moliner. Pedro casó con Violante Ferrer en 1503, y ésta ya viuda con Baltasar Trems (en 1521). Herederos del citado Pedro fueron Juan y Marco Montañana, y sus hermanastros Dionisio y Juana Trems. La herencia de ésta última pasó a los Barutell, Valentín, Valls, Aymerich y Zaporta. En tanto que la herencia de Juan Montañana continuó con Marco Montañana, le sucedió Marco Lucas, Pedro de Montañana casado con Cornelia Arnal, Francisco de Montañana y su esposa Ana Esteban, Raymundo de Montañana y su esposa Maria Balauverd, y los hijos de éste último matrimonio: Raymundo y Francisco de Montañana. En 1541 era su beneficiado Esteban Roma que cobraba una renta de 120 s.j. y obligación de decir 30 misas.

Estos últimos habían establecido tres beneficios en su capilla familiar a la advocación de San Marcos y algunas rentas para los pobres de Fraga.

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