En dicho sermón, y al referirse a la frontera entre Aragón y Cataluña, hace una amplia descripción de la misma, de la que tomamos simplemente algunos fragmentos. Empieza por la división de Cataluña con Valencia, para referirse luego a la de Aragón. Después de señalar que ambos territorios –Aragón y Cataluña- se separan en el río Matarraña hasta su desembocadura en el Ebro, pone el límite en el Ebro hasta Mequinenza. Luego continua hacia Escarp del siguiente modo: “Y aprés Segre partex Cathalunya de Aragó fins a Escarp, que es Abadiat de frares Bernats en Cathalunya, ahont Cinca entra en Segre”.
Continúa su descripción fronteriza señalando que Cataluña comprendía el término de Massalcoreig hacia Alcarrás y por Gimenlls y Raymat la hace continuar hacia Almacelles, Almenar, Ferras, Audani y Castell de Pinyana. Sigue la descripción: “Y aprés Noguera Ribagorçana, és la que divideix Cathalunya d’Arago, desde el Castell de Pinyana, fins als Monts Pyrineus, prop del Port de Biella; per la part de França, abaxa la vall de Aran, fins aprop de Sant Beat, que·s la primera habitacio dels cathalans, quan vingueres amb Otger Cathalaunico”.
No obstante, la descripción de frontera con territorio francés va más allá de los Pirineos, porque Manescal escribió esta descripción cuando todavía no se había producido la guerra de Cataluña en oposición a Felipe IV. Poco años después, España perdía un fragmento importante para cederlo a los franceses y Cataluña perdía las tierras que fueron sus orígenes. Cesión por la que se frotó las manos el cardenal Richelieu. La política de segregación afectó igualmente a Aragón, que tenía una buena parte de su historia en esa zona ultrapirinaica. Todo fue obsequiado a Francia sin saberlo ninguno de los representantes catalanes o aragoneses. A los reyes de España les daba igual perder territorios con tal de mantenerse en el poder. Lo mismo hizo Felipe V con Gibraltar y otras posesiones españolas.
Aunque sólo sea anecdótico, sigamos con los límites de unas tierras que un día fueron españoles en el sur de Francia, donde la lengua catalana era habitual en todos ellos: “Y aprés de dit port de Biella, tira la linia per les Serres dels monts Pyrineus fins al coll de la Perxa, y de alli aprés va per Capsir, y per Conat y Mosset, per Altagell, per Tautaull i per Opol, y sobre Salses, acabant aquest bras del Pyrineu devant Llaucata”.
No es de extrañar que algunos poetas posteriores hayan soñado alguna vez con volver la mirada sobre aquellas hermosas tierras del Roselló, Vallespir, Conflent, La Cerdanya, y Capsir, donde tan brillantes páginas de historia de Aragón y Cataluña han quedado escritas desde Carlomagno y sus sucesores.
“Muntanyes del Canigó fresques són i regalades/ sobre tot ara a l’estiu, que les aigües són gelades./ Sis mesos m’hi vaig estar sense veure-hi persona nada/ sinó un trist rossinyolet que en sortir del niu cantava”.
(Cançoner del Canigó)