Un nuevo fragamento de La Taula de Fraga

Los libros de la Taula de Fraga no son otra cosa que los registros de las entradas y salidas de productos que circulaban por Fraga antaño y que estaban gravados en beneficio de la Diputación General de Aragón.  Esto significaba que en Fraga existía una aduana, y que los productos de importación o exportación debían quedar reflejados en dichos libros, también conocidos como Llibres de collida del General. Los había también en Mequinenza, Zaidín, Ballobar, Belver, Albalate... Su conservación y antigüedad los hace relevantes, pues son libros cuya antigüedad se remonta al año 1445, antes de las guerras de Juan II (1458-1479). Están redactados en catalán arcaico, y conservan numerosas palabras todavía hoy vigentes en nuestra localidad. Entre todos los libros conservados se contabilizan unas trescientas páginas escritas, lo que significa una aportación de gran interés histórico y filológico. Y no digamos para el estudio de economía medieval. Un estudio realizado por el profesor Benito Luna sobre los mismos -“Fraga en las relaciones comerciales entre Aragón y Cataluña a mediados del siglo XV” (1989)-, señala además la importancia de los libros de la Taula de Fraga para el conocimiento de una amplia onomástica.

Hasta la fecha sólo teníamos noticias de cuatro libros, todos ellos localizados en Zaragoza, datados en los años 1445-1446, 1449-1450, 1453-1454, y 1458-1459. (Uno de ellos identificado y recatalogado gracias a una de nuestra visitas al Archivo de la Diputación de la capital del histórico Reino.) Recientemente, hemos tenido en nuestras manos un nuevo fragmento de uno de esos libros –corresponde al primer folio del apartado entradas-, del que pudo ser el libro del ejercicio 1447-1448. Es poca cosa, pero gracias a localizaciones como la señalada, nuestro patrimonio cultural está siendo más conocido. En la citada hoja se afirma que estaba escrito por Johan de Guilaniu, collidor, en su cuarto año de los seis que la tuvieron en arriendo los señores Johan de Mur y Pere Vedrier; o sea, desde el año 1444 al de 1449, ambos inclusives. Por lo tanto, afecta a los mismos arrendadores del libro 1445-1446.

Copiamos unos fragmentos de la nueva hoja localizada. Observe este lector la escritura del catalán de Fraga en aquellas fechas:

 Item, a VIIII de agost rebí de Johan Francés per un parell de ganivets y bosa de cuyro...
Item, lo matex dia rebí de Faqui Gatenyo per III faneques de forment, mesura de Leyda...
Item, a X de agost rebí de Montagut per III faneques de faves...
Item, a XI de agost rebí de Jucí Vinima per CC cubertes de gerres...
Item, a XIIII de agost rebí de Johan Valseguer per pà cuyt que vingué de Serós...
Item, lo dia matex [XVI de agost] rebí [de] Majama Cantareller per .I. somera de .I. [h]ome...
Item, a XXIII de agost, rebí de Nicolau de Pere Guiem de Monrreal per .I. cap de cordes...
En estos fragmentos hemos suprimido las cantidades declaradas por el collidor. En cualquier caso, nuestra pretensión al transcribir esas líneas consiste en que nos fijemos en su escritura. Hoy son muchas las personas fragatinas que siguen conservando esta lengua hablada, y bastantes las que han empezado el esfuerzo de conocerla a nivel escolar o particular. La lengua de los libros de la Taula de Fraga están escritos en nuestra modalidad local, conocida como el habla fragatina, variante del catalán arcaico que consta por ejemplo en dicho libros. El Departamento de Filología de la Facultad de Zaragoza dice de nuestra habla: “...las hablas de la Franja se adscriben definitivamente al catalán occidental ”, (AFA; 1995, 475) En una situación semejante se hallan los libros de la Taula de Zaidín, o de Mequinenza. Ahora bien, las actuales circunstancias históricas, culturales y profesionales exigen de todos nosotros el uso del castellano, o del inglés, sin que tengamos que perder nuestra habla local. El catalán de Fraga o fragatí tiene unas raíces documentadas. Sería de gran interés para el conocimiento del fragatí Actual la publicación de todos aquellos documentos escritos por nuestros antepasados. Son nuestro patrimonio, que nadie nos debe quitar.

Está probado que los escolares que se sumergen en diversas lenguas a la vez, incluida la materna o paterna, las aprenden todas sin problemas. Conocer la lengua de nuestros antepasados representa un signo de identidad, y una contribución cultural de sus vecinos con el pueblo que las originó. Defiendo de estos documentos –que además me corresponde el honor de haber participado a su localización- lo que significa de cultural. En su consecuencia, me pregunto: ¿No deberían estar ya publicados los libros de la Taula de Fraga? No sólo facilitarían el conocimiento de topónimos, anomástica, productos, verbos y expresiones que nuestra lengua local, sino que podríamos mostrar orgullosos un elemento concreto de nuestra identidad.

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