Obras de arte religioso del Bajo Cinca

Al obispo José Meseguer Costa le correspondió remodelar la diócesis de Lérida por Real Decreto del 26 de junio de 1892: cierre de iglesia menores, supresión de clero -por no disponer de suficientes rentas-, y conservación de obras de algunas parroquias fueron tareas en las que se vio inmerso este diocesano de quien hacemos una breve reseña tomada de D. Ramón Viola:


Nació en Vallbona (Castellón de La Plana) en 1843. Se doctoró en Teología y Derecho Canónico. Presbítero desde 1867, obispo de Lérida desde 1889 a 1905. Intervino activamente en la obras del Canal de Aragón y Cataluña, y estableció la Germandat del Sufragis para ayuda del clero de su diócesis. Despidió con gran pesar a los soldados que desde Barcelona se embarcaron a Cuba. Recuperó iglesias, fundó el Seminario de Lérida, y creó en él un museo con piezas procedentes de todos los lugares de la diócesis –especialmente ermitas e iglesias semi-abandonadas- con el propósito de protegerlas y restaurarlas. En 1894 consiguió para Fraga edificar la iglesia de San José del Cegonyer, con fondos del obispado. Murió en Granada en 1920.  

En su tiempo, la localidad de Mequinenza quiso obsequiar al obispo José Meseguer con un objeto perteneciente a dicha localidad. A su vez, el citado obispo, en agradecimiento a su donativo, obsequió a la villa de Mequinenza con cuadro alusivo a ella, que tomaron conjuntamente su alcalde y su párroco, El acuse de recibo de la llegada del obsequio del obispo lo redactó el propio obispo, en un oficio del 7 de junio de 1900. Dice así:  

“He tenido el honor de recibir la muy atenta comunicación de 5 del corriente de ese municipio de su digna Presidencia, manifestándome el agrado con que se ha servido aceptar el modesto recuerdo del cuadro que por conducto de ese digno Sr. Párroco he tenido el gusto de remitirle como memoria de la última Santa Pastoral Visita de esa parroquia. Al mismo tiempo ha llegado a mis manos el libro cantoral de pergamino que estaba sin uso en el archivo de ese municipio y que destina al museo de antigüedades de este Seminario conciliar, por cuyo obsequio doy a ese Ayuntamiento y a su digno Sr. Alcalde Presidente las más cumplidas gracias. Al momento se han colocado entre los objetos de su clase y servirá allí no sólo para atestiguar la benevolencia del Ayuntamiento de Mequinenza, sino para que otros imiten su noble ejemplo, contribuyendo así a una obra eminentemente útil al clero, y que a la vez redunda en beneficio de los fieles. Deseo que esta ocasión deparada por la providencia para manifestar estos mutuos afectos, que tanto me complacen, sea motivo para que este respetable y católica corporación los mantenga siempre a la misma altura, significándolos en ayuda al ministerio del celoso cura-párroco Rvdo. Sr. Nonilo Giménez, en la conservación de las buenas costumbres, y atracción del pueblo, especialmente la clase obrera, al cumplimiento de la ley de Dios y de los mandamientos de la iglesia, fuente de verdadera civilización, paz y prosperidad para los pueblos”.

Dos años antes del referido donativo de Mequinenza al Museo Diocesano, el mismo obispo se mostraba extrañado ante la desaparición de una arquita de madera, así como de un vaso de vidrio, -ambos de incalculable valor artístico e histórico- hubieran desaparecido de la iglesia de Peñalba y de su inventario. Por dicho motivo, pidió explicaciones al cura de aquella D. Antonio González que los había cedido a un anticuario a cambio de erigir un monumento en su iglesia, dorar el sagrario, comprar una capa roja, y un niño Jesús de talla, “sin que todo esto le haya costado un solo céntimo al culto”. El obispo estaba en contra de la desaparición de obras religiosas como las de Peñalba, pues la venta de obras de algunas parroquias a anticuarios era un mal que dicho obispo quería evitar.  
 
La meritoria labor del obispo José Meseguer ha sido reconocida recientemente por todos. Su interés por la protección y restauración de las piezas conservadas en el Museo Diocesano de Lérida quería representar la historia de una comunidad religiosa que vivió durante siglos al margen de fronteras administrativas, formando una unidad religiosa que se la conoció como obispado de Lérida. Esperemos que las piezas que pasarán a la novísima diócesis de Barbastro-Monzón tengan una sección única para las procedentes de la Franja, como sería de justicia; la comunidad de habitantes de la Franja se merece un respeto a su historia milenaria. En definitiva, las piezas son suyas; ayer bajo la mirada y protección del diocesano de Lérida, hoy de la mano del diocesano de Barbastro-Monzón, mañana...  Si por avatares de la Historia, la Franja formara en el futuro un bloque común –único- con las actuales autonomías de Aragón y Cataluña juntas –es sólo una elucubración mental no contemplada en la Constitución- ¿dónde estarían la frontera? Si la iglesia fuera única –es un razonamiento positivo- ¿No podrían volver a su lugar de origen, con nuestro mayor agradecimiento al castellonense José Meseguer por evitar su desaparición como las citadas de Peñalba, por compra como la pintura de Zaidín o por su conservación con el obsequio del cantoral de Mequinenza?

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