Presencia en Fraga de la orden de Montegaudio (y 3)

Los Montegaudios castellanos se separan de los de Aragón
Los problemas se acrecentaron con la incorporación de la Orden de Alfambra a la de los Templarios. Porque el rey de Castilla hacía lo propio al año siguiente, concediendo a los montegaudios castellanos la creación de la Orden de Monsfrag por la ocupación de este castillo, vinculado a la Orden de Calatrava, también regida en las normas del císter. Los templarios reclamaron las posesiones castellanas y los calatravos reclamaron las aragonesas. Según afirmaba Salarrullana, la Orden de Montegaudio en Fraga poseía el castillo de la villa, sin que podamos dar certeza de la fecha de la concesión de dicho castillo. La torre o almunia de la margen derecha del Cinca pasó a conocerse como “Torre dels Fraris”. Su propiedades sitas en el Secano de Fraga fueron motivo de una concordia con el obispo de Lleida en junio de 1199 por la cual el diezmo pertenecía al temple a menos que aquellas tierras se convirtieran en tierras de regadío, en cuyo caso debían pagar la mitad del diezmo a la iglesia de San Pedro. El hábito de la orden era blanco y capa negra; su insignia, que en principio era la cruz roja y blanca por mitades, fue sustituida por la cruz de los templarios.

Reticencias de los Montegaudios de Fraga

En 1206, el rey Pedro II de Aragón -que había de elegir sepultara en el monasterio oscense de Sijena- había favorecido a la casa hospital de Alfambra liberándoles de tributos, inclusive del diezmo correspondiente a los diocesanos para todos los frailes de dicha Orden desde el Cinca hasta Ariza. Algunos freires que no habían querido pasar a la orden del Temple, como ocurrió con la comunidad de Fraga, se les respetó su decisión, aprobada por bula del papa Alejandro III. Preferían integrarse a la Orden Calatrava de Castilla. Pero el maestre del temple se opuso, con la consiguiente protesta del maestre de Calatrava. Una sentencia papal del 17 de junio de 1206 permitió que la mayoría de los bienes de la orden de Montegaudio de Fraga pasaran a los templarios, que era la orden elegida por la mayoría de los freires de Fraga, pero se les permitió a los disidentes retener el castillo y algunas otras heredades: “…que axí castels com cases, possessions e altres coses, que en aquells temps que (h)erederen a vostra Casa, aquels frares havien, vostra Casa d’aquí avant poseesca, si alcuna cosa los dits frares de Santa Maria de Montgay tenen de les possessions damunt dites”. Esta situación de dualidad de una misma Orden primitiva, que se dio en Fraga de 1196 a 1206, tenía los días contados.

Incorporación de Alfambra y Monsfrag a la orden de Calatrava en 1221
Para escapar a la presión del Temple, los frailes de Montegaudio castellanos, la Orden de Monsfrag, como cistercienses que eran también, buscaron acogerse a la sombra de sus hermanos los cistercienses de Calatrava, no menos poderosos en España que el Temple. Tendencia que algunos de los de Fraga ya habían manifestado en 1206. En 1215 el maestre de Calatrava solicitaba del Papa Inocencio III que aprobaran la incorporación o absorción de toda la antigua Montegaudio por la Orden de Calatrava. El Papa sentenció atribuyendo al Temple todo lo incorporado hasta 1196, pero ordenó que los no incorporados al Temple siguieran con los bienes que habían quedado fuera de esa unión.

La disputa entre templarios y calatravos quedó zanjada en 1221 a favor de éstos últimos. El comendador de Aragón en la fecha, fr. Esteban de Bellmunt, se hacía llamar “Comendador del Temple de Villel y Sant Redentor”. A dicha fusión se opuso el papa Inocencio III que promulgó una bula por la que se permitía la integración de la orden de Alfambra, cuya decisión quedó a la libre voluntad de cada monje-caballero. Fórmula que ya se había ensayado en Fraga. También entre los caballeros castellanos los hubo que se negaban a unirse a los de Calatrava, -siempre hay disidentes en todos los lados. Esto obligó a que algunos frailes rebeldes se encastillaran en las fortalezas toledanas de El Carpio, Montalbán y Ronda, en la línea del Tajo, entregando estas plazas a los templarios. Posesiones que fueron el origen de la encomienda templaria de Montalbán.

Una casa templaria como lo fue la Almunia de Fraga pudo disponer de tres o cuatro frailes caballeros, una veintena de sirvientes o sargentos, y más de cincuenta obreros o trabajadores vinculados a la Casa. Además la iglesia de cada torre o Almunia debía disponer de un capellán. Esta situación perduró hasta 1294, año que los templarios fueron obligados a ofrecer sus propiedades de Fraga al noble Guillem de Montcada. De nuevo se mostraron reticentes a dejar al Almunia, los derechos del puente, los diezmos del Secano, el castillo, que acabaron permutando con dicho Montcada el 7 de octubre de 1304, por el corral de Las Aguas, el campo de Campredón cercano a Mont·Ral y otras heredades a cambio de los lugares de Gebut y Utxesa, que pasaron a ser propiedad del noble señor de Fraga.

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