Aspiraciones cristianas sobre Fraga entre 1122-1126 (y 2)

Las rivalidades entre Aragón y los condes catalanes por la conquista de Lérida y Fraga también nos hablan de alianzas. Como era el caso de la del noble Ramón Guillem de Montcada, el gran senescal, que no quiso aliarse al de Barcelona, refugiándose en su destierro en la corte del de Aragón, donde permaneció al parecer varios años. Rubió i Lluch dice, sobre el origen de los conflictos con el conde y el gran senescal, que fueron por una discusión sobre el usufructo de la acequia de aguas que habían de alimentar los molinos del Montcada.

Visto el interés de los cristianos por la toma de Fraga, Lérida y Tortosa, el califa Omar II debió tomar graves medidas para frenar el avance cristiano hacia dichos lugares. Por un lado -según afirman Dozy y García Cortázar- rebajó el valor de la moneda para sostener el sistema de defensa. Por otro, mandó que los mozárabes, cristianos que convivían en localidades musulmanes, fueran expulsados o muertos. Todas las ermitas, iglesias y capillas debían ser derruidas. Es decir, la situación en la frontera debió ser crítica en 1125. En junio de dicho año se hallaba el de Aragón en Mequinenza acompañado de los obispos de Huesca, Roda, Zaragoza, Tarazona y Nájera; y con la presencia de nobles como la del vizconde Centullo, señor de Zaragoza y Uncantillo, o la de Sancho Johan, señor en Huesca, la de Ato de Foces, señor en Barbastro, la de Tizón, señor en Buil, la de Lop Lopez, señor en Ricla y otros.

En una de las incursiones cristianas por el término de Fraga perecieron, entre otros, el vizconde de Bigorra, Gastón de Bearn y Esteban, obispo de Huesca, y maestro del Batallador. El hecho precipitaría la nueva presencia de las tropas del de Aragón sobre Fraga. De inmediato apareció en escena el prestigioso Ibn Ganiya, almorávid que alejó de Fraga la presencia del aragonés y venció al de Barcelona en la batalla de Corbins.

Según Zurita, el emperador Alonso, como se hizo llamar el rey de Aragón, buscó pactos con el de Barcelona para defenderse de la nueva amenaza de Ibn Ganiya. En aquel histórico encuentro de cristianos se hallaban presentes el obispo de Huesca, Esteban; don Esteban, electo obispo de Roda; don Berenguer Gombal, señor de Castro y Capella; Ximeno Fortuñón, señor de Calasanz y de Bardaxí; Lope Iñiguez, señor de Perrarúa; Pedro Ramón, señor de Estada; Atho de Foces, señor de Barbastro, don Tizón, señor de Buil, y don García Ramírez, señor de Monzón.

En el año 1126, el de Aragón se desplazó hasta tierras andaluzas para recoger mozárabes que temían por su vida. Con un contingente de 4.000 caballeros recorrió el Levante hasta llegar a Murcia y Guadix, regresando con un verdadero ejército de cristianos mozárabes. Con ellos volvió a sus dominios, donde los debió de emplear como nuevo cuerpo de choque, contra los musulmanes que defendían la frontera norte.

Animados los musulmanes por la presencia almorávides en su ayuda, lanzaron una profunda razzia por tierras cristianas recuperando, entre otros, los castillos de Albesa y asolando algunos lugares de la Ribagorza, como Roda y Lascuarre. El prestigio de Ibn Ganiya hizo que fuera nombrado valí de Lérida y desde esta ciudad organizó un nuevo sistema de defensas, que incluía la defensa de Fraga.

Siete años después, el rey aragonés renovaría los intentos por la conquista de Fraga, con la lamentable derrota de la tropa cristiana, y el fallecimiento de lo más floreciente de la nobleza de Aragón y de los condados de Sobrarbe y Ribagorza.

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