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Fraga inmersa en las alianzas medievales (y 2)

La España feudal se mantenía en alianzas de intereses monetarios o matrimoniales. No es de extrañar que, en 1083, la Zaragoza musulmana se viera obligada a pagar parias a la tropa mercenaria comandada por el Cid Campeador, que actuó con tropa mercenaria contra el conde de Barcelona, Ramón Berenguer II, a quien hizo prisionero en la batalla de Almenar (Lleida). Asimismo, los fragatinos, temerosos ante las tropas del Cid, buscaron la alianza -junto con el rey moro de Lérida de quien dependía- con el conde de Barcelona. Zaragoza hizo lo propio con Castilla en 1086, ante la presión del incipiente reino de Aragón.

Ocurrida la muerte del conde Ramón Berenguer de Barcelona (1086) y la del rey aragonés Sancho Ramírez (1094), ya eran reconocibles perfectamente dos nacionalidades que buscaban apoyos mutuos ocasionales: Aragón y los condes catalanes. El término de Fraga, fuera del alcance de ambos territorios todavía, llegó a constituir una taifa independiente con la llegada de los almorávides. Aún así, la protección del conde de Barcelona sobre Fraga consta en el testamento de dicho conde catalán al reconocer en él que le pagaban parias los principales reyes moros de la península, y entre ellos cita al de Fraga.

Aragón, imitando la política del conde catalán de dotar de leyes a la población de su territorio, concedió y popularizó los Fueros de Jaca, los más antiguos del reino. Pero Aragón, a diferencia de sus vecinos catalanes, promulgó sus leyes como fueros individuales de cada localidad. Así nacieron los fueros tan diversos como los de Sobrarbe, de Huesca, de Caseda, de Arguedas, de Daroca, de Barbastro, de Zaragoza... En realidad, cada término municipal aragonés podía constituir un territorio con leyes propias.

A finales del siglo XI, la presión sobre la frontera musulmana modificó el sistema, pasando de cobrar parias a la conquista de poblaciones. Sancho Ramírez fue el mayor impulsor de este cambio. Además, en esas fechas todos temían todavía la política militar propugnada por el Cid Campeador, quien se había hecho fuerte en Valencia apartando inclusive a Al-Mundir de Lérida de los dominios levantinos. El temor no era infundado, porque el Campeador volvió a enfrentarse en tierras leridanas con el conde de Barcelona, a quien tomó prisionero en las cercanías de Tevar. El de Urgel y el de Barcelona volvieron a las alianzas, inclusive protegiendo a los de Fraga entre 1090 y 1093. Como reacción, Aragón aprovechó esta nueva coyuntura para pactar la inmediata conquista de Tamarite en 1090, de forma que el infante Pedro de Aragón alcanzaba Zaidín. En 1093 el citado infante aragonés había llegado, incluso, a Fraga.

Las vecinas nacionalidades de Aragón y Cataluña (ésta constituida como unión de condados bajo el dominio del de Barcelona) competían por llegar al Cinca. Esa meta explica por qué el río Cinca iba a convertirse en un símbolo tanto para la Iglesia como para los reyes. En su consecuencia, el de Barcelona, liberado del Cid, emprendió una campaña militar sin precedentes recuperando lugares de la margen izquierda del río Cinca; en ese sentido hay que explicar los pactos del conde catalán con Alcolea de Cinca y con la población de Corbins hacia 1092.

Recuperada Fraga en 1093, gracias a la intervención de Avin Aixa, este medina se convirtió en una plaza fuerte de primer orden, sin poder evitar la conquista de Velilla y Daimuz por el rey Alfonso I el Batallador, que cobraba parias de ambas en 1094. En 1100, año de la toma de Barbastro, los aragoneses pasaron a consolidar la margen derecha del Cinca: Chalamera, Ontiñena, Ballobar, o la peña de San Salvador en Torrente de Cinca, reforzando además la traba de Zaidín, cercana a Fraga. Medina Afraga se apresuró a concertar nuevas parias con el conde de Barcelona por tercera vez, por precio nada desdeñable de 12.000 dinares de plata cada año. Cuantioso impuesto explicable solamente por la riqueza de Fraga y su término. Al mismo tiempo, las ciudades de Fraga y Lérida absorbían la población mora que había abandonado Barbastro.

Alfonso I, rey íntimamente ligado a la historia de Fraga, había intentado acercarse a Fraga en 1108, avanzando por la Litera, donde concedió a uno de sus caballeros la almunia de Abin Hamet o de Bincamet. Después de la pérdida de Zaragoza, en 1118, la fortificación de Fraga procedió a multiplicar sus defensas y a construir un sistema de huida o protección contra catapultas en la construcción de numerosas madrigueras y pasadizos. Hipótesis en la que incide J.A García Cortázar al afirmar que en la plaza de Fraga de reforzaron las murallas, se construyeron silos, cisternas de agua y túneles subterráneos.
 
El último pacto en el que intervino Fraga y el conde de Barcelona corresponde al año 1120. Fue signado hecho por el valí de Lérida, quien ofrecía al catalán los tributos de Serós, Aitona, Carratalà, Alcolea, Albesa, Alfés, Castelldans, Jebut, Escarp, Montagut y otros. No se menciona a Fraga en esa fecha porque posiblemente ya los venía satisfaciendo. Este hecho explicaría que, cuando el de Barcelona y el conde de Ampurias pactaron en 1122 la reconsquista de tierras hasta el Cinca, cita expresamente a Fraga en dicho convenio: “en todos los honores del de Barcelona, desde Pavían a Estopanan, desde Estopanan a Fraga y de Fraga a Lérida hasta Tortosa”.

Fraga, la deseada por ambas potencias nacientes -Aragón y Cataluña- no sólo tuvo que pagar parias y pactar alianzas, Fraga supo sobrevivir a las duras condiciones de sus dominadores.

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