Jaime II concedió el lugar de Fontclara y otros lugares al infante Alfonso, su hijo, y de Teresa de Entenza, que le sucedió en la corona. Era conde de Urgel y vizconde de Ager. Le sucedió su hijo Jaime de Urgel, su nieto Pedro de Urgel y su biznieto Jaime de Urgel, quien confiando en la sucesión al corona, no aceptó la sentencia de Caspe y se enfrentó con las armas contra el nominado Fernando de Antequera. Estos sucesos llenaron de sangre y de conflictos la ribera del Cinca, pues inicialmente toda la ribera era urgelista, incluida la ciudad de Fraga.
Las noticias que disponemos para años siguientes son poco relevantes. Sabemos que el abad de Fontclara estaba presente en Cortes por el brazo eclesiástico en los años 1362, en las cortes de 1371 celebradas en Caspe, Alcañiz y Zaragoza, o en las Cortes de Tamarite de 1375, donde se presentó la demanda por parte de los aragoneses de que Fraga también debía ser aragonesa, como se había obtenido con anterioridad con las villas y castillos de: Zaidín, Osso, Belver, Albalate, Tamarite y Monzón.
El descontrol económico y humano producido por los sucesos de los partidarios de don Jaime de Urgel y don Fernando quedó zanjando poniendo señores fieles a don Fernando en los principales pueblos de la ribera. Juan de Híjar en los lugares de Ráfales, Montbrú y Fontclara; le sucedió Juan de Moncayo. Zaidín con Berenguer de Bardaxí. Albalate con Pedro Maza de Lizana. Fraga con Ferrer de Lanuza. Con la presencia de estos señores de clara ascendencia aragonesa, empezó una nueva época en la Ribera del Cinca, que iba a caracterizarse por un alejamiento progresivo de las relaciones de los ribereños con sus vecinos de Cataluña.
La insistencia por el traslado de los frailes del císter establecidos en el monasterio de Fontclara tuvo efecto después de los conflictos en la ribera del Cinca entre urgelistas y fernandistas después de 1412. Al parecer, el definitivo traslado se efectuó desplazando a los frailes del Cinca hacia el monasterio llamado de Santa Fe junto al río Huerva. Fontclara quedó despoblada, siendo ofrecida en feudo a Johan d’Ixar, en Montblanc, el 20 de noviembre de 1413 por el rey Ferrando de Antequera. La concesión para dicho noble y sus descendientes comprendía los lugares y castillos de Rafales, Montbrú y Fontclara en agradecimiento a los servicios prestados en el asedio de Balaguer. Concesión que confirmó el mismo rey en 1417 en la localidad aragonesa de Fuentes.
En el año 1434 tanto Fontclara como Monbrú estaban ya despoblados. Un sentencia arbitral del año citado hecha por el notario de Zaragoza Antón de Anguisolis, utilizada por don Luis Benito Luna para tratar sobre una concordia entre los hombre de Albalate y los de Belver por la acequia mayor, consta que el agua riega las partidas de Fontclara y Monbrú, agregadas en esas fechas a Albalate, usando el agua en sus dos octavas partes, pero agregados sus términos a los cuatro octavos que correspondían a Albalate. No podemos conjeturar sobre sus habitantes, porque se sabe que los de Ripol eran todos mudéjares, pero los de Belver cristianos; y los de Albalate pertenecientes a las tres religiones en uso. Además agregados al señorío de don Joan de Moncayo, mientras que Ripol y Belver de Cinca a la orden de San Juan de Jerusalén. No obstante, existía un molino que había pertenecido al monasterio de Fuentclara situado al pie de la clamor del mismo nombre.
Esa despoblación explicaría la ausencia del nombre del monasterio de Fontclara en las Cortes posteriores al compromiso de Caspe. Consta su ausencia a las Cortes de Zaragoza de 1451 donde se convocó al convento de Fontclara, pero ya no estuvo presente en ellas. En esas mismas Cortes estuvo convocada y presente la villa de Fraga por el brazo de las universidades aragonesas.
Las noticias del monasterio de Santa Fe también son escasas. Se hallaba a dos leguas de Zaragoza, donde se había conservado una lápida que decía:
“Post longum tempus translatum Caesaraugustans,
altere ab urbe lapide a Sancte Virginia Fide
cognominatur; fundadores Jacobo Aragonensi,
ut eiusdem coenobii tabulae habent…”
En este monasterio de Santa Fe de Huerva hubo de distinguirse uno de sus frailes, fr. Gaufrido, autor de unas Crónicas de Aragón, obra histórica editada a finales del siglo XV.
Por su parte los nuevos señores de los términos de Albalate parece que no perdieron su relación con los antiguos frailes. En 1469, Serena de Bardaxí y su padrastro Pedro Zapata ambos reclamantes de las heredades de Fontclara, favorecieron al monasterio de Santa Fe de Huerva con la creación de un censal de 31.000 s.j. y 2.000 s.j de pensión anual, en favor del monasterio zaragozano. Pensión que parece confirmar el traslado del monasterio de Fontclara al de Santa Fe.
Cuando el monje francés Claude de Bronseal pasó por el monasterio de Santa Fe en 1553, los frailes de aquel convento le dieron noticias que apuntó. Entre ellas hizo constar que el monasterio de Santa Fe se llamó en otro tiempo Fontclara y que estuvo situado en los confines de Cataluña, en la diócesis de Lérida, pero que al cabo de 200 años de su fundación se había trasladado al monasterio instalado en el río Huerva. Aseveración que sitúa el traslado y desaparición del monasterio de Fontclara hacia 1420.
Como hemos visto, desapareció el edifico, pero no su recuerdo y su historia, que aún podrá ampliarse en los próximos años.
