Vilella de Cinca (de Avinganya a los Gilbert-Carvi)

Ya sabemos que Vilella y Daimuz fueron vendidas en 1255 al convento de Avinganya. La adquisición fue facilitada por Ramón de Montcada, señor de Fraga, y de Vilella y Daimuç desde hacía solamente tres años, al haber comprado al convento de Avinganya sus derechos por precio de 1140 mazmudinas de oro por ambas villas y sus respectivos términos.

De nuevo en manos de la priora del monasterio de Avinganya, ésta suplicó al rey Juan II, en 1387, que, como poseedora del lugar de Vilella junto al Cinca, le permitiese reedificar la fortaleza inmediata llamada el Castellar. También conocida por sus vecinos como Castellanos, que se halla sin excavar y, por lo tanto, sin rehabilitar. Atendiendo dicha petición, el monarca mandó al Gobernador General de Aragón que le remitiera su licencia. Dicha fortaleza, que corona la localidad de Vilella desde un montículo cercano, debía servir a las monjas para defenderse de aquellos enemigos que venían causando perjuicios en la Ribera, y la localidad, causantes a su vez de la destrucción de la fortaleza.

Vilella pasa a señorío real en 1389
En 1389 los perceptores de impuestos en nombre de difunto abad de Alcolea, Pedro Colom, se les ruega que no cobren nada al convento de Avinganya por haber sufrido algunas expoliaciones. Ese mismo año, el lugar de Daimuç se consideraba propietaria del horno de Buarç, que también reclamaban los hombres de Fraga. Los de Daimuz insistieron al rey Juan I para que sus propios jueces pudieran pleitear con los de Fraga que desde hacía más de 50 años entraban de forma hostil en el lugar robando en el citado horno y pretendiendo considerarlo como suyo. El rey mandó detener a los causantes de las últimas reyertas sobre Buarz, siendo encarcelados los fragatinos Domingo Puyaçolo, Pere de Rovira, Pere de Villanova, Bernad de Daimuç y Bartolomé Tapia.

Otra noticia de Vilella corresponde al año 1391 cuando la reina María declaró que el lugar de Vilella estaba obligado a pagar cada año 800 sueldos de plata que habían sido asignados al conde de Luna, su padre. Ese año los recogería Francesc Çatera, mercader de Girona, marmesor del difunto conde.
De nuevo en posesión de Avinganya
En enero de 1393 el citado rey Juan mandó a Gispert de Torrent, doncel de Fraga, que dejara de molestar a los hombres de Vilella, que de nuevo pertenecía a la priora del convento de Avinganya y a sus frailes. Para su cumplimiento se requirió la intervención del Justicia de Fraga, que debía preservar al convento y a la priora. Paralelamente se recordaba que ya los señores Ramón de Montcada y su esposa Sibila, señores de Fraga, habían vendido en el pasado el lugar de Vilella a dicho monasterio con el consentimiento del rey Jaime I.

El prior de Avinganya en 1419, fra Sánchez de Torres, reclamaba la percepción de los tributos, rentas y derechos que el convento tenía de antiguo sobre la ciudad de Lérida. Las circunstancias de la sentencia de Caspe habían producido alteraciones en las riberas del Segre y del Cinca, cuyas secuelas parece que se prolongaron hasta las guerras civiles de Juan II.

Finalizamos estas nuevas noticias sobre Vilella con algunos datos del siglo XVI. Vilella seguía dependiendo del convento de Avinganya que sólo tiene dos monjas por causas de las crisis pasadas. La solución para restablecer la economía y prestigio del monasterio se produjo con una importante novedad: la orden trinitaria decidió convertir el monasterio de Serós en un noviciado de la orden. La iglesia del convento, donde seguirían enterrándose los nobles Montcada, y el edificio en general, volvió a sufrir reformas y remodelaciones que dejarían la impronta de la época llamada Renacimiento. En ese tiempo, el convento debió desprenderse de los señoríos de Daimuz y de Vilella de Cinca, pues hallamos como nuevo señor en los lugares del Armajal, del Castellar, de Daimuz y de una calle o barrio de Vilella a la familia de los Gilbert, y luego a los Carvi.

Daimuz desapareció definitivamente tras la expulsión morisca de 1610. El Armajal y el Castellar pasaron a ser propiedades de los herederos de los Carvi, en tanto que Vilella fue la que mejor resistió las crisis del XVI y XVII, gracias a su economía de huerta, regada con la acequia entonces llamada de Fraga.

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