Guillem de Montcada obligado a venderse Fraga (1328)

Guillem de Montcada, señor de Fraga, hijo de Ramón de Montcada y de Teresa de Ayerbe, se vio obligado a vender el feudo de Fraga y sus términos. Hacía poco que el rey Alfonso IV de Aragón, III de Cataluña y II de Valencia, había tomado la corona. El monarca deseaba incrementar las rentas de la corona y puso su mirada en los ricos y populosos términos de Fraga. En esa fecha, el noble Guillermo de Montcada era ya un hombre cansado, enfermo, quizá moribundo con solamente sesenta años. Murió a finales del año siguiente. Los documentos hallados parecen indicar que nunca firmó la venta con el citado rey, porque el Montcada halló la muerte antes de dicha firma.

Lo cierto es que los hombres de feudos reales se sentían mucho más protegidos que los feudos de señoríos laicos o eclesiásticos. Por eso, los hombres de Fraga habían pedido en diversas ocasiones que la villa de Fraga no fuera vendida ni alienada a ningún otro noble, a no ser los Montcada que ya lo disfrutaban. El citado Guillem de Montcada, último de los Montcada de Fraga, había intentado dejar Peñalba a un hijo natural, Zaidín a su hija Margarita y el feudo de Fraga a su otra hija Blanca casada con Ot de Montcada, del señorío de Aitona. No lo consiguió. Pero tampoco consiguió el rey convertir a Fraga en feudo real. Habían de pasar todavía otros cincuenta años para que otro rey lo consiguiera definitivamente.

El convenio que mandó redactar el citado rey Alfonso contiene un largo y pomposo título: “Capítols e pactes de contracte fets per en Guillem de Montcada senyor de Fraga e senescal de Catalunya, amb el rei Alfons IV, per raó de la venda de la vil·la de Fraga e ses aldees, així com els llocs de Saidí e de Ballobar, amb testimoni de l’infant Pere comte de Ribagorça e d’Ampúries, i per l’infant Ramon Berenguer comte de les Montanyes de Prades”.

El hasta hoy desconocido documento, escrito todo él en catalán arcaico, nos recuerda que eran aldeas de Fraga en la fecha: “l’Almúnia, Vermeyll, Miralsot, l’Almargal, Monrreal, Cardell, Torreblanca e Penalba, e ab alcunes cases que ha en lo terme”. Todo ello debía entrar en el lote de venta, incluidos los castillos y villas de Ballobar y Zaidín (Vallobar e Çaydíe), con excepción de una finca y casa que había sido de los templarios –posiblemente la finca de la Torre dels Fraris, que dejaba el Montcada a un hijo natural.
Aceptaba el pacto la venta incluso dos años después de la muerte del Montcada, pudiendo sus albaceas o marmesores usar de sus rentas el tiempo necesario para pagar deudas contraídas. El precio de la venta de Fraga estaba calculado en 700.000 sueldos jaqueses (s.j.), pudiendo pagar en diversos plazos, después de una entrada inicial de 300 mil sueldos de dicha moneda de plata. El resto, repartido en los tres siguientes. El señor de Fraga reconocía en dicho convenio que las rentas de Fraga ascendían a unos 15.000 s.j. anuales y aspiraba a que si el rey no cumplía su palabra en los pagos, el término de Fraga y sus aldeas y villas de Ballobar y Zaidín deberían convertirse en propiedad de su familia y libres de cargas al rey.

Por su parte, el rey puso como garantía para el pago de la compra de Fraga las rentas de las localidades catalanas de Cervera, Tárrega, Vilagrasa, toda la bailía de la Segarra y de Montblanc, de Vilafranca del Penedés y de Manresa.

En aquellos pactos, el rey quería garantizar que, después del Montcada, el término de Fraga solamente pasaría a señorío real. “Item, que·l senyor Rey promete e jur que ell ne sos fylls, ne altra persona en loch d’ells, ni en altra manera qualsevuylle, altra persona no pendrá cessió, donació ne neguna altra alienació de·ls homens de la terra del dit en G[uillem]...”.

No podían faltar en los mismos los avaladores por parte del comprador, o sea, del rey. Quedaron inscritos como tales nada menos que el infante Pedro, conde de Ribagorza y Ampuries, el infante Ramón Berenguer conde Prades, los nobles Ramón Folch, vizconde de Cardona, Ot de Montcada, G. d’Anglesola y Berenguer d’Anglesola, así como los concejos de las ciudades de Lérida y de Barcelona. Además, todos los gastos de notaría –el notario asignado fue Jaume de Gavasa de la ciudad de Lérida- debían ir a cargo del rey comprador.

Quedaba pactado por aquéllos inéditos documentos que si el dicho Montcada fallecía antes de firmarlos, todo quedaba anulado. Es lo que ocurrió, y nunca se hizo tal venta.

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