Arnato en San Pedro en honor del Duque de Alburquerque (1)

A inicios del siglo XVII Fraga había empezado a vivir un efímero impulso económico, a expensas de su esfuerzo y del impulso de sus vecinos de Lérida. Los ríos y acequias hacían trabajar los molinos a pleno rendimiento, inclusive los de batán. La presencia de maderas de calidad, el vidrio y la cerámica demostraban un resurgimiento y el auge de la comercialización, especialmente entre Valencia y Tortosa, se hizo evidente; y por lo tanto, por el río recorría una nueva fuente de riquezas. Valdurrios, entonces partida de Fraga, experimentaba una expansión de la explotación agrícola.

En las ferias y mercados podían encontrase productos de lo más exóticos: coral, especies, gafas, papel, libros encuadernados en piel, cerraduras para puertas, picaportes, o jabones para tratar enfermedades. Pero, especialmente, abundaron en nuestros mercados los tejidos catalanes. Fue el momento de la popularización de las capas de pastores. Los comerciantes fragatinos adquirían la mayoría de sus productos en Lérida o en Tortosa, y no les importaba viajar a Perpiñán si allí había posibilidades de mejorar sus ganancias. En la ferias de Fraga se efectuaron grandes transacciones de granos, lana, aceite, mulos, o corderos, especialmente apreciados por los vecinos catalanes, porque eran deficitarios.

Un ejemplo del auge que se venía experimentando lo tenemos ya en las ferias de Fraga de 1577, donde se exhibieron corridas de vacas como una atracción más, ante la llegada masiva de visitantes. Estas ferias se celebraban en la plaza de San Pedro, a primeros de agosto, enriqueciendo el espectáculo año tras año con nuevas atracciones para pequeños y mayores. La población de Fraga se había incrementado y las necesidades de los nuevos aperos de hierro, motivaron la aparición de una feria en el mes de mayo.
En medio de este auge optimista que vivía la villa de Fraga, una nueva noticia conmocionó satisfactoriamente a los fragatinos. El excelentísimo Virrey duque de Alburquerque, Beltrán de la Cueva, había elegido la iglesia de San Pedro de Fraga para celebrar sus bodas. No acertamos a conocer el motivo de la elección de la villa de Fraga para dicha celebración matrimonial, a no ser que el citado Virrey tuviera algún parentesco con el maestro de gramática que el Concejo de Fraga tenía en su nómina de salarios desde 1585, fecha del paso del rey Felipe II por la villa. Dicho maestro se llamaba Domingo de Alburquerque, quien cobraba un salario equivalente a 60 libras jaquesas anuales. Se tienen noticias de este profesor hasta finales de siglo XVI.

Al conocer la noticia, el Concejo determinó por pregón público que todas las posadas de la villa estuvieran aderezadas para la recepción de una amplia comitiva que debía llegar a la villa para celebrar dicho enlace. Además, en la m isma noche de su llegada debían encenderse luminarias por todas las calles, un copla de música debía rondar por las calles compartiendo con tan ilustre personaje su alegría.

El mismo día de la boda debían correr toros en la misma plaza. Además de un donativo en metálico, la villa preparó un festín obsequiando a los novios y sus invitados con diez carneros, veinte pares de perdices, veinte pares de conejos, doce cabritos, una docena de pollos, otros docena de capones, dos cahices de trigo en pan, doce hachas o teas y cuatro docenas de velas, diez cahices de avena y dos venados -suponemos dos ciervos cazados en la partida fragatina de Valdurrios-. 

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