Establecimiento de la Universitat Literària o Estudi de Lleida (1300)

El concepto de universidad era aplicado en la Edad Media al conjunto de habitantes de un territorio. Por dicha razón empleamos aquí la expresión Universitat Literària o Estudi de Lleida. En realidad se trataba de un Centre de Estudi, de carácter amplio o general a diversas disciplinas, cuya finalidad debía consistir en formar funcionarios y personas cualificadas para todos los territorios de la Corona de Aragón. Las enseñanzas que empezaron a impartirse en Lérida fueron las de derecho civil y canónico, medicina, filosofía y artes.
El establecimiento de dicha Universitat Literària fue una idea original del rey Jaime II de Aragón, aprobada por el papa Bonifacio VIII “a petició y súplica del rey d’Aragó”. Según Víctor Balaguer o Antoni Bofarull, el Estudi General de Lleida debía disfrutar de los mismos privilegios e inmunidades que disfrutaba la ciudad de Tortosa por concesión de la Sede Apostólica.

La primera noticia de su establecimiento llegó a Lérida firmada en Zaragoza el primero de septiembre de 1300. En ella se comunicaba a sus paheres que la Santa Sede ya había aprobado la propuesta de instituir en dicha ciudad un Estudi General. La elección de Lérida para tal instalación era meramente estratégica, pues Lérida se hallaba equidistante a sus reinos de Aragón, Cataluña y Valencia. No tanto para Mallorca y Cataluña Norte, pero la idea era compartida por todos los consejeros reales: “quasi quoddam intermedium terrarum ac regnorum nostrorum existit”. Al día siguiente, dos de septiembre de 1300, concedía los estatutos y ordenanzas por los que debía regirse de forma concreta dicho Estudi.

Aquellos estatutos o forma de gobierno del Estudi de Lleida fue redactado al parecer por fr. Arnaldo Amer, general de la Orden de la Merced. Por ellos se regulaba la vida de los estudiantes, de los doctores y de los maestros. A los alumnos extranjeros que se matriculasen en Lérida les concedía el derecho de votar por la elección del rector, de los banqueros, o del ujier, de forma semejante a como funcionaban las Universidades de Bolonia y Tolosa. Por dichos estatutos concedía muchas libertades a los que desearan pasar a Lérida para estudiar, y a los que vendieran libros y pergaminos. Ni estudiantes ni profesores debían ser reclamados a guerra en las llamadas crides reals o veinals. Tampoco podían ser interrogados estudiantes o profesores en sus casas, y los disturbios entre estudiantes debían ser castigados con cien azotes o cien sueldos de plata jaquesa. Establecía asimismo una lista de penalizaciones para evitar disturbios para los estudiantes que saliesen de noche con armas o con instrumentos musicales.
El día cinco del mismo mes y año, el rey Jaime, su fundador, mandaba a los obispos de sus territorios que incitaran a los posibles estudiantes clérigos o seculares a trasladarse a Lérida manteniendo los beneficios eclesiásticos que aquellos ya percibían. También estableció que los salarios de los doctores y maestros debían ser satisfechos por los vecinos de Lérida, por reparto, a cambio de los beneficios que reportaría la presencia de estudiantes con sus diversos gastos de alquileres de pisos, comidas, vestidos, y actividades lúdicas. Para ser maestro doctor debía examinarse en la misma universidad y recibir el título y derecho de enseñar por manos del canciller real a través de un representante del mismo, que debía ser siempre un canónigo de la Seo de Lérida. De esta forma unía en el Estudi de Lleida los tres poderes fácticos: reales, eclesiásticos y municipales.

El primer ujier fue nombrado por el propio rey Jaime en la persona de Andreu d’Espens con la obligación de abrir y conservar los libros de matrícula y listas de los estudiantes. En esta universidad tuvieron algunos fragatinos su asiento, como alumnos o como profesores. Pero lo más destacado de dicha institución leridana es que ayudó a cambiar la mentalidad cultural de la Corona de Aragón, convirtiendo de paso a Fraga en un centro comercial de segundo orden suministrador de la capital del Segre. Eso explicaría por qué la población de Fraga y su término creció de forma espectacular en las décadas siguientes al establecimiento del Estudi de Lleida o Universitat Literària de Lleida.

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