Puentes y barcas en el Bajo Cinca (y 2)

En la baja Edad Media.

Con doña Leonor de Castilla, la baronía de Fraga empezó su andadura. Corresponde tal evento con el año 1333, fecha de manifestación de los fragatinos con el homenaje a la citada reina. De inmediato, y para congraciarse con sus nuevos vasallos, les concedió la liberación de algunas cargas económicas, así como la cesión del impuesto de peaje, que debían utilizar para conservación y reparación del puente sobre el Cinca, al parecer, de piedra. Finalizado el plazo de esta concesión fue reclamada y concedida, una prórroga de la misma por unos años más.
La comunicación entre las márgenes del Cinca, del Segre o del Ebro podía hacerse con barcas, en ausencia de puentes. Por esta razón la villa de Caspe, al pie del Ebro, recibía concesión de instalación de una barca. Se realizaba con barcas, en ausencia de puentes, por el sistema de sirga o percha. Del paso de la barca en Albalate y Zaidín tenemos noticias de incidentes graves que derivaron en pleitos con los hombres de Alcolea y con los de Fraga, respectivamente.

Los mercaderes Bertrán Coscó, arrendador de las Generalidades de Aragón, junto a Johan d’en Elpha y Johan don Sancho, arrendador este último de las rentas y primicias de Fraga, se pusieron al frente de una reclamación para que dejasen en Fraga el paso libre a los zaragozanos. En esta ocasión el rey Juan I se dirigió a dichos reclamantes para que desestimen la causa y no culpasen al procurador de Fraga, ya que el cobro de pontazgo era un derecho de la villa.

En 1345 se autorizaba a la villa de Sena a construir un puente sobre el Alcanadre, porque no disponía de él ni de paso de barca y, en consecuencia, sus hombres y transeúntes cruzaban sus aguas por vados con riegos de sus vidas. Ese mismo año, la ciudad de Lérida recibía también un derecho de pontazgo para reparo de su puente. Sin embargo, el puente de Monzón y su capellanía adscrita a él era señorío real, fue concedida a favor de Guillem Ferrer ciudadano de Barbastro y de su sobrino Jordán Ferrer, clérigo.

En 1346 el puente de Fraga, al parecer de piedra, había sido derrotado y el rey Pedro, el Ceremonioso, confirmaba el derecho de pontazgo de sus predecesores por tiempo de seis años, debiendo invertir todo lo cobrado en la reconstrucción del mismo. De nuevo confirmado por otros diez años en 1358 al conocer el monarca que de nuevo estaba en completa ruina. La situación fue de poco alivio, pues en 1374 el mismo monarca se vio obligado a conceder sus ingresos en el puente para una reconstrucción inacabable: otros seis años más de prórroga. Pero en esta ocasión y creyendo evitarse cuantiosos gastos se diseñó de madera, pues el de piedra ya era irrecuperable.

Fraga obtuvo, igual que Caspe, autorización para facilitar el tránsito en el Ebro en el lugar llamado la Pobla de Valdurries. Para mantener dicha barca, los hombres de Fraga obtuvieron un privilegio de barcaje, consistente en dos dineros por cada caballería y un dinero por peatón o por carga. Aunque no estuvieron en el mismo lugar, los hospitalarios de Caspe, que habían obtenido su concesión con anterioridad, protestaron infructuosamente contra la instalación de la barca de los hombres de Fraga, pues dicho lugar era jurisdicción de los de Fraga.

No hemos hallado noticias de las barcas de Osso de Cinca, ni de Belver de Cinca. Sin embargo, son abundantes las noticias sobre la barca de Albalate ofrecidas por el historiador Reimat en su publicación Historia de Albalate, donde afirma que ya existía en el siglo XIII o que fue trasladada junto a la Fuente del Pino para desaparecer hacia 1940. También son de interés las noticias de las barcas de Massalcoreig, Mequinenza y Caspe.

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