Puentes y barcas en el Bajo Cinca (1)

En la baja Edad Media.

Para tener una visión global a esta cuestión es recomendable la consulta de los primeros capítulos de la publicación Fraga y el Cinca: sus puentes y sus barcas (1994), editada por la casa de Fraga, y elaborado con el buen amigo R. Espinosa, cuyas noticias siguen siendo un primicia. Sin embargo, después de diez años de trabajo en la búsqueda de nuevas fuentes para el estudio de Fraga y su ribera, contamos con algunas noticias nuevas que queremos dejar reflejadas en estas líneas. Una de las noticias más antiguas hace mención al pago del paso del puente de Fraga o pontazgo, aplicando los ingresos a reparación del mismo. Es una concesión de 1315 dada por el rey Jaime II; consistía en que cada hombre o caballería debía pagar un denario por día, por bestia cargada o por conducción de la misma un óbolo. Si el número de caballería y cargas fuera mayor debía aplicarse la proporción. Todo ello por tiempo de diez años, o sea, hasta 1325, concesión a solicitud de Guillem de Montcada, señor de Fraga. Prorrogado todo en cinco años más, a petición del mismo noble.

Los hombres de Barbastro querían cobrar por su cuenta el paso de la barca instalada por ellos entre Aristolas (sic) y Castejón del Puente sobre el río Cinca, interpretando erróneamente un privilegio concedido de instalación nuevo de barcas, pues esta última afectaba a terceros, al perjudicar ala los templarios de la Ribera.
 
A veces, un pueblo vecino estaba exento de pagar peajes en otro, cuando había concordias entre ambos, o por concesión real en beneficio del comercio. Era el caso de los hombres de Fraga que fueron declarados exentos de pago del peaje en Mequinenza en el año 1319, mandando al señor de Mequinenza, don Guillem de Entenza, que no perjudicara a los hombres de Fraga pidiendo el pago de su paso por dicho lugar. De igual forma, los hombres de Zaragoza estaban exentos del pago de lezdas, peajes y otras gabelas en su paso por Albalate de Cinca, lugar que poseía una barca que enlazaba con el camino de Lérida, ruta muy utilizada en aquella época para acceder a la capital del Segre. O el caso de la barca de Monzón, pues en julio de 1330 el rey Alfonso mandaba intervenir al sobreveguer de Sobrarbe y Valles porque el barquero de Monzón, en nombre de del comendador de dicha ciudad, fr. Bonifacio de Saluça, cobraba ciertas cantidades a personas que debían estar exentas.

Los reyes Alfonso III de Aragón y su esposa, Leonor de Castilla, deseaban adquirir los derechos de Fraga y sus términos, tomándolos de Guillem de Montcada, fallecido, y de sus herederos. En un gesto de magnanimidad para los hombres de Fraga les perdonaron el impuesto de peaje con el que debían contribuir a los monarcas, autorizando a cobrar un dinero por persona o animal que transitase sobre él, en beneficio de la villa y por tiempo de cinco años. No obstante, debido a una protesta de los judíos de Lérida que comercializaban con Fraga y su término, los mismos monarcas debieron conceder paso franco a los judíos de Lérida, en atención a unos usos antiguos que tenían con la villa de Fraga.

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