La guerra de Sucesión en el Bajo Cinca

En realidad la Guerra de Sucesión fue un conflicto español de ámbito europeo. La muerte de Carlos II de España en 1700, dejó la Corona de España sin sucesión. La pretendieron José Fernando de Baviera, Felipe d’Anjou y el archiduque Carlos. Sin embargo, el último testamento dejaba heredero al francés Felipe de Anjou, que llegó a nuestro suelo para tomar posesión de la corona el 18 de febrero de 1701. Fernando había muerto, y Carlos no se resignó al dictamen de Carlos II y buscó una alianza europea contra el poder que representaba España y la vecina Francia. Carlos consiguió inclusive que en la ciudad de Viena, el 12 de septiembre de 1702, fuera coronado rey en España. La presencia de dos reyes de España no pudo más que conducir a una confrontación en partidarios de uno o de otro.

Las primeras acciones bélicas se desarrollaron en tierras italianas y en los Países Bajos, en territorios de dominio español. Incitados los españoles a la rebelión, ésta se produjo tras el desembarco de 12.000 soldados del archiduque en Lisboa. En Aragón se produjeron levantamientos en lugares diversos como: Alcañiz, Monroy y Calaceite (Teruel), o en Caspe (Zaragoza). En lugares concretos de Cataluña, los coroneles José de Canredón y Miguel Pons armaron a los pueblos en favor de Felipe V.

Las adhesiones de las localidades fueron muy dispares: cada concejo debía definirse hacia una u otra. Eso explica que en la línea fronteriza entre Aragón y Cataluña declararan su fidelidad al rey Felipe lugares como: Jaca, Ainsa, Ballobar, Fraga, Torrente de Cinca, Mequinenza, Candasnos, Tarazona, Borja (Alcañiz y Caspe después de ser sometidas), Albalate, Maella, Tortosa y otras. Era el año 1705. Sin embargo, fue la pérdida de Barcelona a favor del archiduque el detonante para que la contienda se generalizara en nuestro territorio. Don Mercurio Pacheco, conde de San Esteban de Gormaz, se instaló con tropa reglada entre Fraga y Barbastro. Eso explica por qué en septiembre de 1705 empezaran las movilizaciones y abastos. La villa de Fraga organizó cuatro compañías de 50 hombres cada una capitaneadas por los fragatinos Agustín Aymerich, Miguel Barrafón Ibarz, Pedro Foradada y Miguel Bodón. Muchos ribereños prefirieron desertar, como hizo el gobernador Urríes instalado en Fraga, al saber que Lérida juraba fidelidad a los aliados. Algunas voces llegaron a dudar del apoyo unánime de los fragatinos -ante la pérdida de Lérida-, cuyas actitudes pro catalanistas eran evidentes. Así nos los recordaba Félix Otero: “los fragatinos, muchos de ellos catalanes, estaban orientados hacia el Este por su lengua y comercio”, expresión que toma del historiador Henry Kamen.

Mientras, en Fraga se dictaban movilizaciones: “...que por causa de algún acometimiento de los enemigos tengan la obligación todos los vecinos y habitantes de la villa, de 14 años para arriba, tomen las  armas y acudir a las murallas”. La toma de Fraga y Torrente de Cinca era cuestión de tiempo. Fraga fue ocupada dos veces por los aliados a Carlos antes de finalizar el año 1705. Eso explica por qué algunos fragatinos buscaron refugio en la vecina Torrente de Cinca, lugar donde fallecía Francisco Camí, de 53 años, el 21 de diciembre de 1705, quien dejaba en su testamento una ayuda al convento de Capuchinos de Fraga.

En mayo de 1706 parecía inminente la rendición de la capital del Bajo Cinca, motivo por el cual sus habitantes prefirieron desalojarla y dejarla desierta. El matrimonio fragatino formado por Domingo Rubio y Juana Grañén, así como sus vecinos Joseph Cerezuela y Jusepa Orniz también eligieron como refugio la localidad de Torrente de Cinca. De la misma manera, hallamos en Torrente a la fragatina Jusepa Agraz, de 58 años, donde al verse próxima a la muerte dejaba una ayuda para la iglesia de San Pedro de Fraga, y otra para el convento de San Agustín de la misma villa. En verano de aquel mismo año 1706 las localidades de Fraga y de Torrente de Cinca ambas se hallaban en manos de los aliados. Los tristes sucesos de aquellas memorables fechas fueron recogidos en su día en colaboración con el amigo Ramón Espinosa y se encuentran esbozados en un trabajo que se halla actualmente en manos de don Joaquín Tejera, con el título: La Guerra de Sucesión en Fraga (1705-1714). Esperemos que algún día tenga a bien publicar aquellas memorables páginas.

Retomando los sucesos de Fraga en la guerra llamada de Sucesión, debemos recordar que el inicio del fin empezó tras la brillante campaña felipista en la ciudad valenciana de Almansa de 1707. Los aliados retrocedieron por Fraga donde quemaron cinco arcadas del puente, para detener el paso de las tropas del rey Felipe. Recuperada Zaragoza, el duque de Orleans y el duque de Berwick se acercaron hacia el Cinca, hallándolo demasiado crecido, circunstancia que aprovecharon para recuperar Mequinenza y Torrente de Cinca, siendo ésta última la que sufrió los mayores rigores conocidos por falta de abastos. En Torrente fallecieron en aquel año más de cincuenta vecinos, en su mayoría ancianos y niños. El de Anjou aprovechó para anunciar gratificaciones a sus fieles, al tiempo que suprimía los fueros de los aragoneses.
 
En el mes de octubre de 1707, la totalidad de los habitantes de Torrente optaron por desertar la localidad: “Dia nueve de octubre del año mil siete cientos y diez, se desertó el presente lugar de Torrente y estuvo en esta penalidad hasta día de Todos los Santos [1 de noviembre]”.

El desenlace de la guerra se produjo a nivel general cuando las tropas aliancistas de Stanhope fueron derrotadas en Brihuega por el general duque de Vendôme, y las tropas de Starhemberg fueron humilladas en Villaviciosa. Al fin, en 1712, quedaron firmados el cese de las hostilidades, que se hicieron efectivas en 1713. En años sucesivos, Fraga había sido convertida en cuartel militar para el control de partidas sueltas de miqueletes, que merodeaban todavía por la ribera. El recuerdo más nítido de aquellas fechas, entre otros privilegios, es el de la concesión de título de Ciudad de Fraga.

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