El monasterio de Alaón y la villa de Fraga

El monasterio de Santa María de Alaón está hoy perfectamente visible. Sus paredes contemplan el pantano de Escales en la Ri-bagorza. Antiguamente era conocido como Santa María de la O, por las antífonas que se cantaban en dicho monasterio antes de Navidad. Hoy pertenece a la parroquia de Sopeira (Huesca) y al obispado de Barbastro-Monzón, igual que Fraga.

Su origen, como tantos otros monasterios oscenses ubicados entre el Pirineo y el Bajo Cinca, era de origen visigótico. Hasta que Aragón tomó conciencia de ser territorio indepen-diente, especialmente con reparto patrimonial celebrado por el rey Sancho el Mayor de Navarra (1035), Alaón dependió de los condes franceses de Tolosa. Llevaba muchos años de vivencia cuando incorporó la regla de San Benito hacia el año 957, según el investigador Manuel Riu. Hacia el 967 el castillo de Iscles, cercano a Alaón, pasaba a posesión del citado monasterio. Cabe suponer que más tarde a manos de Bernat de Entenza por concesión del rey Pedro el de Muret, padre del Conquistador. Interesa resaltar esta donación, porque en 1215 Bernat de Entenza la había cedido a su hermano Bernat Guillem de Entenza, junto al castillo de Fraga y el valle de Berín. 

Pero volvamos a las primeras campañas de re-conquista aragonesa, donde el monje Bernardo Adelmo, del monasterio oscense de San Victorián, introducía la reforma del Cluny. En esas fechas el monasterio de Alaón recopilaba todos sus docu-mentos en el libro titulado Cantoral de Alaón, que se ha conservado hasta nuestros días. El papa Pascual II con-cedía al obispo de Roda la iglesia visigoda de Chalamera en 26 de abril de 1100. De inmediato fue entregada a los monjes de Alaón, gracias a la intervención de fr. Ponç, del monasterio de Tomeras, consagrándolo a la advocación de Santa María. También los monjes del monasterio de la O consagraban su defi nitivo edifi cio, en 1123, después de veinte años de obras, con la presencia del obispo de Roda, San Ramón. No era casual que los santos titulares de Alaón fueran Santa María y San Pedro, apóstol.

Sólo después de la capitulación de Fraga en 1149 debió empezar la reedifi cación del monasterio visigótico de Santa María de Chalamera, priorato dependiente de Alaón. El hecho de que en su puerta aparezcan los condes de Barcelona y unos moros entregándoles unas llaves resulta muy signifi cativo. En este punto, nos atrevemos a plantear una hipótesis sobre la advocación de San Pedro, apóstol, de Fraga: El obispo Guillem de Lérida consagraba la mezquita de Fraga a San Pedro, en 1150, a petición de los monjes benedictinos de Alaón. Junto a Santa María, San Pedro era la segunda titularidad de dicho monasterio. Además, San Pedro era la advocación que iba paralela con los lugares de peregrinación a Santiago -como San Pedro de Alaón, San Pedro de Sirena, San Pedro de Taberna, San Pedro de Orrit, o San Pedro de Sijena. Esperemos que futuras fuentes confi rmen o desestimen esta hipótesis. De todos modos, la mencionada consagración explicaría por qué de inmediato aparece la fi gura de un prior en Fraga, igual que en Chalamera, o por qué la villa debe satisfacer impuestos a dichos monjes.

En ese sentido, no podemos dejar de la lado una de las notas documentales más signifi cativas. Conservada en el archivo parroquial de Sopeira, y exhumada por mosen Castillón Cortada, éste pudo anotar respecto de la presencia en Fraga de los benedictinos de Alaón: “…que en iendo el Avat a Fraga una vez al año, los dichos señores y sucesores, están obligados a darle cena al Abat y monges acompañantes…”. Se trata de resaltar que los de Fraga estaban obligados a un impuesto medieval con dichos monjes de Alaón.

Una vez concluida la reconquista del Bajo Cinca, estos monjes vivieron su gran momento de esplendor en los siglos XII y XIII. Años más tarde una de las advocaciones difundidas por los benedictinos de Alaón fue la de la Virgen de la Expectación del Parto, que en Fraga tuvo su devoción junto a la capilla de San Andrés, en la iglesia de San Miguel, si bien documentada en la tardía fecha de 1541. En cualquier caso, el conde Berenguer les concedió dona-ciones desde los primeros momentos. Quizá por infl uencia de los condes de Pallars, primeros gobernadores de Fraga. Eso explica que en 1152, al abad Ponç, de Alaón, pudiera conceder a Pedro de Formiguera una heredad en Fraga que había pertenecido al moro Farfo. O la donación de heredades en Fraga que el mismo abad de Alaón vendió a Bernardo, prior benedictino de Chalamera, en 1163. Sin embargo, los condes de Pallars fueron perdiendo su infl uencia sobre Alaón, porque este monasterio se vinculó a la Ribagorza, y segregándose del Pallars, permaneciendo de este modo en zona fronteriza. La consagración de Alaón a Santa María y San Pedro en el año 977 se hizo con la aquiescencia del conde Unifred II de Ribagorza, como uno de sus aliados para separarse a su vez de la infl uencia de la sede de Urgel. El tema es interesante y merecerá en el futuro que se estudie desde distintos puntos de vista.

En tanto van desvelándose los sucesos de la Fraga del siglo XII y XIII, no hay duda que estas noticias adquieren suma importancia para el conocimiento de aquellos lejanos tiempos.  En 1216, unos vecinos de Zaidín (Arnaldo de Be-llmunt, Bernardo su hermano, y Sibilia de Bellmunt, hija del primero), ofrecieron una heredad de huerta a favor de los benedictinos de Chalamera. De igual forma reci-bieron donaciones de Alcolea, Ballobar, Ontiñena, o Daimuz (localidad medieval desaparecida, que se hallaba detrás de la actual ermita de San Valero). La infl uencia de estos religiosos en la ribera se manifi es-ta bien a las claras. Inclusive en los años 1234 y 1236 formaba parte de la comunidad de Chalamera fray Johan de Fraga. Todavía en 1246, los benedictinos de Alaón y Chalamera, por mano del abad Bernardo y el prior Raymundo, respectivamente, concedieron a Elisendo de Alcolea un horno y dos casales en Fraga. Una de las do-naciones de Daimuz pasó a manos del prior de Chalamera, fr. Guillem de Riberola, en 1324. Otra heredad de Fraga -ésta en la partida de La Litera-, consistente en una casa, olivar, pajar y era, fue cedida al monasterio de Chalamera en 1339, siendo su perceptor el prior Berenguer Vidal.

Como puede verse, el monasterio de Alaón, y su sucursal el prior de Chalamera, tuvieron clara presencia en Fraga y término desde el mismo momento de la reconquista. Presencia que se vio reforzada con las donaciones parti-culares de algunos de sus repobladores.

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