Domingo de Lanaja Procurador Fiscal de Fraga

Domingo Lanaja es un personaje hasta ahora desconocido en la historia de Fraga. Había sido capitán de tropa en la defensa del castillo de Caspe durante los debates por la sucesión a la Corona. Junto a él se hallaron Ramón Fivaller por Barcelona y Guillén Zaera por Valencia. O sea, fue una persona de relevancia en su tiempo; pues elegido por Zaragoza, representaba uno de los tres responsables de la custodia del castillo de Caspe en 1412.

 Antecedentes remotos los hallamos en otro Domingo de Lanaja, para el año 1341, fecha del fallecimiento de dicho homónimo. También recogemos noticias de doña Francisca Lanaja, que casó con Ferrer Ram. De este matrimonio nacieron Juan Ram Lanaja y, al parecer, Domingo Ram Lanaja, éste último obispo de Huesca (1410-1415), más tarde obispo de  Lérida (1415-1434), y arzobispo de Tarragona (1434-1445). El citado Domingo Ram Lanaja fue protagonista de primer orden en las transformaciones ocurridas en las conversiones judías. Además, fue artífice de las decisiones del Compromiso de Caspe, como uno de los nueve compromisarios, que, aunque rechazado por las comisiones catalanas por no ser imparcial, su prestigio estaba a salvo. Domingo Ram votó por el cambio de dinastía a favor de la castellana en la persona de Fernando I Trastamara. A su influencia debió concurrir la circunstancia por la que Domingo de Lanaja estuviera también presente en Caspe en aquellas decisivas fechas.   

Pasados unos años, se produjo la guerra civil iniciada con la entrada de tropa catalana a la villa de Fraga, para presionar a las Cortes aragonesas reunidas en la iglesia de San Pedro en 1460-1461. Recordemos que el motivo de aquella guerra fue por la no aceptación de la primogenitura del príncipe de Viana, primogénito real, por parte de su padre el rey Juan. Uno de los tensos sucesos que se produjeron en dichas Cortes en relación a los Lanaja es el siguiente: la ciudad de Zaragoza pedía la destitución del parlamentario Luis de Lanaja y otros síndicos de la capital del reino, por haber aceptado en Fraga el pago de sisas solicitadas por el rey. La capital aragonesa consideraba que la pobreza del reino no debía mermarse más con donativos, como el concedido por sus síndicos. En plena guerra contra la terquedad catalana, en 1466, fue nombrado Martín de Lanuza con el oficio de procurador fiscal y capitán de guerra de la villa de Fraga. Pero éste apenas residió en ella.

Como consecuencia del absentismo persistente del citado Martín de Lanuza fue sustituido en 1472. En su lugar, y en aquel mismo año, fue nombrado Domingo Lanaja, vecino de Zaragoza. Cuando regresó a Zaragoza en 1477, se vio implicado en uno de los conflictos de bandosidades que surgieron entre los Luna y los Urrea en la capital de Aragón. Ya no regresó a la villa de Fraga, y los cargos de procurador y capitán recayeron en un sobrino de Martín de Lanuza, llamado también Martín de Lanuza.  
En Zaragoza, la Inquisición se sumergió en una dura represión judaizante desde 1478. En este ambiente tenso volvemos a tener noticias de Domingo de Lanaja: fue implicado en uno de los sucesos más tristes de la historia aragonesa. Del suceso al que nos referimos hace mención el cronista Jerónimo Zurita relatando que en 1485 se produjo el triste asesinato del canónigo de Zaragoza, Pedro Arbués, Inquisidor de Aragón. Aunque la Inquisición era una Institución poco querida por los aragoneses, por los excesos contra los muchos conversos aragoneses, la muerte del citado canónigo no podía quedar impune. En realidad, el asesinato del Inquisidor Arbués fue urdido por algunos prebendados de Aragón. No obstante, las represalias revirtieron con creces sobre los nuevos convertidos. Es el Libro Verde de Aragón quien nos presenta como instigadores de aquella muerte a personalidades como: Gabriel Sánchez, tesorero real de Fernando el Católico; a Luis Sánchez Santángel; a Gerónimo Sánchez ex-tesorero del rey; a Gaspar de Santa Cruz, comerciante; a Juan Sánchez; a García de Moros, el mayor; a Micer Francisco de Santa Fe, asesor del gobernador general; a Micer Alonso Sánchez; a Micer Jaime Montesa, abogado; a Pedro de Almazán, a Domingo de Lanaja, hijo político del dicho Almazán, y a otros. La camarilla de conspiradores se creyó protegida por el alto rango de algunos de los confabulados. Incluso habían buscado el apoyo de conversos de algunas localidades como las de Calatayud y Barbastro. Suponemos que también pudieron hallarla en la aljama de Fraga, donde las relaciones del citado Domingo de Lanaja con diversas familias de la villa no se habrían perdido.

Sin embargo, la actuación de la justicia obtuvo declaraciones que les imputaron, como las de un personaje llamado Sancho Paternoy, quien delató abiertamente a Domingo Lanaja junto a otros: «Item declaró, que por algunas conversaciones con Domingo de Lanaja supo que trabajaba mucho para recoger dinero de los comunes y obtener firma acerca de la confiscación”. «Item declaró, que después de la muerte del inquisidor, estando el confesante con Domingo de Lanaja en la sala alta de la Diputación, vio a Juan Abadía que se hallaba también en la sala, y dijo a Domingo Lanaja que dijese a Abadía que públicamente se aseguraba que éste había dicho que Mateo Ram le prometió ciertos dineros…»

Aunque el exprocurador de Fraga, Domingo Lanaja, debió ser represaliado por la Inquisición,-pues su nombre desaparece en la documentación conocida-, hemos podido rescatarle entre anécdotas de su tiempo, como uno de los oficiales reales que rigieron los destinos de nuestra villa durante unos años.

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