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Orígenes de Avinganya (y 5) Noticias hasta las guerras de Juan II

Las noticias referentes al convento de Avinganya de Serós son más abundantes para el siglo XIV y XV. De forma escueta daremos resumen de las más destacadas:

En 1285, el rey Pedro III de Aragón ordenó al abad y convento del monasterio de Avinganya que dieran traslado a Elisenda, institutriz de la infanta su hija, con todos los miembros tocantes a ésta que tuviere en dicho convento. En 1286, la cancillería real reclamaba al convento todos lo documentos referentes a doña Elisenda, esposa de Guillem Ramón de Montcada, o referentes a la hija de ambos.

En 1289, el convento de Avinganya se nos presenta de nuevo como poseedor de Villella y de Daimuz. Por dicha razón, Alfonso III, rey de la Corona de Aragón, comisionaba al Maestre Raymundo, arcediano de Ribagorza, para que actuara en el negocio tocante a la priora de Avinganya, sobre franquicias concedidas a dichos lugares. Probablemente de peaje.

En 1311, había fallecido doña Sibila de Cervera, la esposa de don Ramón de Montcada, religiosa y priora del convento de Avinganya, la cual dejaba una capellanía fundada en él, según manifestaban sus manumisores testamentarios Guillermo de Biure y Guillermo Matheu. Al año siguiente, Guillem de Montcada, señor de Fraga y senescal de Cataluña, salió en defensa del molino que el convento de Avinganya tenía en el lugar de Villella, porque los hombres de Fraga le impedían formar un salto en la acequia para uso de dicho molino. Otra cuestión que enfrentó durante varios años a los hombres de Fraga con el convento de Avinganya fue el tema de los impuestos que debían satisfacer los hombres de Fraga instalados por los Montcada como repobladores de Massalcoreig. El pleito consistió en saber si debían satisfacer tributos en Fraga o al convento de Serós. Como era de esperar, la protección del convento salió beneficiada

En 1322, otras de las franquicias conocidas de dicho convento es la liberación del pago a los monarcas del impuesto de monedatge de Villella y Daimuç, sino que debían entregarlo al convento; gracia concedida por Elisenda de Montcada, como cuarta esposa del rey Jaime II en los últimos años de su vida. También el Santo Padre Juan XXII intentó dulcificar ligeramente los estatutos de las monjas de Avinganya, concediendo que aquellas jóvenes pudieran confesarse con dominicos y franciscanos, según comunicado a su priora Saurina de Foix. Al mismo tiempo el citado papa dispensaba a Sibila de Montcada, monja del dicho monasterio, de su condición de naturaleza, por haber nacido de padres solteros, y en su consecuencia pudiera con ello ser elegida priora

En 1326, el rey Jaime II, un año antes de su muerte, confirmaba la donación de la Almunia o villa de Villella de Cinca, al convento de Avinganya. Previamente ya había confirmado los privilegios concedidos por el rey Pedro II de Aragón su bisabuelo, así como las ya conocidas de 1255 por el rey Jaime el primero, o las de los Montcada. Siempre al amparo de los Montcada, -varios de ellos sepultados en la iglesia del convento de Avinganya-, los trinitarios dirigieron su mirada hacia la ermita de San Salvador de Torrente de Cinca, como una de sus ampliaciones.

Durante todo el siglo XIV y XV el convento trinitario siguió bajo la protección de la familia Montcada. Las ramas del Segre y del Cinca quisieron unirse precisamente con la desaparición de Guillermo de Montcada como último señor de Fraga. También Guillem de Montcada señor de Fraga había concedido diversos beneficios al monasterio de Avinganya, siendo priora en esas fechas sor Catalina de Ortopeda. El intento de unión de posesiones del Cinca y del Segre pertenecientes a los Montcada se produjo cuando doña Teresa de Montcada de Fraga, hija del citado Guillermo, se casó con Ot de Montcada, señor de Aitona y Serós. Todavía en 5 de septiembre de 1386, vemos a otro Ot de Montcada, descendiente de esta unión, confirmando los privilegios que sus antepasados doña Constanza, o los de doña Berenguela de Montcada, (casada en primeras nupcias con Simón de Montcada, hijo de Ramón de Montcada senescal, señor de Albalate).

Pero las guerras de Juan II (1462-1472) arruinaron la ribera, dejando maltrechos Avinganya, o despoblando Torralba, por ejemplo, al otro lado del río Cinca, cuyos habitantes se trasladaron a Torrente de Cinca. También los pueblos de la encomienda de Chalamera (Belver, Estiche, Santa Lecina) quedaron arruinados. Fraga padeció en primera persona aquella guerra en la que los catalanes quisieron separarse del resto de los territorios de la Corona, porque creían que las nuevas políticas de los monarcas Trastámaras estaban perjudicando sus Estatutos. El resultado de diez años de confrontaciones fueron simplemente devastadores para nuestros pueblos de frontera.

Arruinado el monasterio de Avinganya, tuvo que esperarse al año 1529 para que volviera a tener su convento en pleno funcionamiento. Fue hacia mediados del siglo XVI cuando los trinitarios de Avinganya firmaron un contrato con los hombres de Torrente de Cinca para hacerse cargo de la ermita de San Salvador. Los trinitarios se harían cargo del culto y evangelización de los moriscos, y los trinitarios mejorarían sus rentas. Dato ése último que enlaza con una publicación editada por el Ayuntamiento de Torrente de Cinca dedicada a su ermita monasterio de San Salvador.

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