La iglesia de San José del Cegonyer (1)

Primero debemos recordar, para quienes se pregunten a qué iglesia nos referimos, que se trata del edificio actual de fachada de piedra junto a las actuales dependencias de Ayuntamiento en el Cegonyer, plaza rehabilitada desde 1850 y rebautizada como Paseo Eugenio Barrón en 1883, con motivo de la construcción del puente de hierro, personaje que fue su artífice.

 

Hoy esta iglesia está cerrada al culto y pendiente de decidir qué puede hacerse con un local de la Iglesia que pasó a depender del Estado y cedido al municipio para las necesidades de su vecindario católico. En los años sesenta del pasado siglo, revivieron sus locales una época de esplendor de la mano de una Junta de Acción Católica, que organizó numerosas actividades para los jóvenes fragatinos. Todavía en la actualidad sus bajos acogen alguna esporádica exposición, pero sus puertas están habitualmente cerradas.

Pendiente de remodelación y habilitabilidad para futuras necesidades locales, abrimos en dos páginas las puertas de su historia. Serán unos simples trazos que nos permitirán recordar cómo surgió y por qué está, dicha iglesia, en tal estado de abandono.

Los Agustinos en las Afueras de Fraga
En terreno de las Afueras de Fraga existió una capilla desde 1375, dirigida por padres de la Orden de San Agustín desde 1382, quienes la convirtieron en convento. Sus restos han sido localizados recientemente bajo los nuevos edificios del proyecto urbanístico Sup-1. Estaba ubicado justo debajo del actual restaurante Los Capuchinos, que nada tienen que ver con el solar primitivo, pues Los Capuchinos fue un convento posterior junto a la plaza de San Salvador. Finalizadas sus obras gracias a numerosas ayudas del Concejo y particulares, este convento sufrió los avatares de las guerras de 1460, así como los frecuentes aluviones del Cinca, que lo dejaron bastante arruinado. Los padres agustinos pidieron trasladarse al interior de la localidad, favorecidos de alguna familia fragatina, viéndose que junto a las murallas de la villa, o Cegonyer –topónimo fragatino que se lee Segoñé-, existía espacio suficiente para tal fin. Allí se erigieron la capilla y las dependencias para sus religiosos.

El edificio de las Afueras aún sirvió de hospital en las guerras de Felipe IV con Cataluña en 1640. Pero la escasa salubridad del edificio, lleno de enfermos y heridos de guerra en 1647, aconsejó que se vaciara, trasladando previamente a los alojados en él a otro convento que se hallaba cerca: el de los Capuchinos. El Vicario General de hospitales de guerra, don Gabriel Ortiz, informaba sobre el tema: “los dos hospitales tan faltos de todo que no es creyble y, tanta inmundicia, que sólo ello era bastante para corromperlo todo”.

Los Agustinos en el Cegonyer
Instalados en el espacio llamado Cegonyer, vivieron sucesos de todo tipo que aún están por escribir, especialmente los hechos que vivieron en las Guerras de Sucesión 1705 y las guerras llamadas de Independencia de 1809. Durante todo este tiempo su capilla mantuvo el nombre a la advocación de Nuestra Señora de Gracia.

El convento tuvo su fin con el proceso de las leyes desamortizadores del Estado, especialmente conocida la de Mendizábal. En 1854, el Estado firmó un acuerdo con la Santa Sede prometiendo no desamparar las necesidades de la Iglesia en atención al personal y edificios, pero en realidad el Estado no pudo hacer más que revender las propiedades de la Iglesia o traspasarlas al común de los municipios. Así quedaron las cosas hasta el año 1892, cuando el Obispo de Lérida, aunque falto de recursos, recibió instrucciones de remodelar las parroquias. El diocesano aprovechó para licenciar al párroco de San Pedro, el octogenario D. José Noguera, que ya andaba imposibilitado, aunque contaba con la ayuda del coadjutor don Ignacio Flovius. En su lugar no se puso a nadie, pues el Obispo de Lérida nombró a Manuel Oliver, párroco de San Miguel, -iglesia en ruinas- como único párroco de la ciudad, con el cargo de párroco de San Pedro y San Miguel unidos.

Un sector católico de la población –encabezado por su alcalde Pedro Barber Miralles- expresó su inquietud por la jubilación del querido mosen Noguera, o por la definitiva supresión del párroco de San Miguel, así como por la falta de una iglesia nueva para las necesidades de una creciente población que se acercaba a los 7.000 habitantes, siendo precisamente el Cegonyer, una de las más importantes zonas de población desde mediados del siglo XIX.

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