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Mario Caballero y Boni Ofogo, contadores de cuentos

Mario Caballero y Boni Ofogo, contadores de cuentos

MARIO CABALLERO Y BONI OFOGO, contadores de cuentos

«Leer nos abre la mente, nos hace viajar, conocer...».

«Leer nos abre la mente, nos hace viajar, conocer...»

Mario Caballero y Boni Ofogo, dos de los narradores que participaron en Fraga T Cuenta 2015. Ellos estuvieron en Fraga los días 16 y 17 de febrero. Les abordamos a la hora del café, entre sesión y sesión de cuentos.

Queríamos conocer de cerca a dos cuentacuentos profesionales, saber de su profesión y preguntarles por los cuentos y por la lectura.


ENTREVISTA

Cuando les preguntan a qué se dedican o cuál es su profesión... ¿qué responden?
Mario Caballero: Es complicado responder... Yo en realidad me dedico a la animación a la lectura, eso es lo que contesto. Lo hago contando cuentos, haciendo exposiciones, teatro... Cualquier cosa que sirva para envenenar a los niños a la animación a la lectura. Siendo joven me saqué el título de técnico en animación sociocultural y recuerdo que el primer día un profesor entró en clase y nos dijo: «Leer, pensar y hablar pertenecen al mismo proceso mental». Yo era muy joven y no entendí qué significaba aquello, así que me fui a buscarlo después y, en una cena, me explicó que quien lee, piensa mejor y habla con más fundamento. Y me dije: eso es lo que hay que hacer para cambiar este mundo. ¡Es lo que estaba yo buscando! Y desde entonces me dije que ese iba a ser mi camino.
Boni Ofogo: En mi caso sigo el proceso inverso al de Mario. Yo cuento cuentos porque siempre lo he hecho. Desde pequeño. Desde la actividad de contar cuentos llegué a la lectura. Yo procedo de la transmisión oral.

¿Para qué sirven los cuentos?
MARIO: Cuando eres niño sirven para disfrutar, y ya está. Cuando te pones en un escenario con un grupo de niños, sin padres, con maestros, están más centrados en la actividad de escuchar, primero te miran pensando que este es un adulto, a ver qué rollo lleva, a ver si me fío de ti o no; después empiezan a entrar en lo que tu les propones y a mitad de sesión te empiezan a mirar de manera distinta, ya tienes claro que eres un vehículo, no te están viendo a ti, es una manera de mirar que te traspasa, ellos están mirando a otro lado y quien sabe lo que se están imaginando. Pero desde luego, están viajando. A mí me parece lo importante, que viajen solamente a través de la palabra. Es una especie de poder el que tienes encima del escenario y ellos viajan contigo, tranquilamente.
BONI: Me gusta mucho la metáfora del viaje también... De hecho, yo siempre empiezo mis sesiones con niños proponiéndoles un viaje, un viaje real sin maleta. El cuento es la metáfora del viaje. Te transporta, te traslada a lugares donde nunca has estado, incluso no existen. El cuento tiene este poder, sirve para viajar.

¿Los adultos también necesitamos cuentos?
BONI: En África no hay cuentos para adultos y cuentos para niños. Estamos todos mezclados en la misma sesión en la que se van contando cuentos. En Occidente hay como una necesidad de ir diferenciando las cosas. Acabo de contar un cuento a chicos de Bachillerato que conté ayer a adultos y que suelo contar a niños de infantil. ¡Es el mismo cuento!

¿Respondemos igual, niños y adultos, al mismo cuento?
BONI: Respondemos de manera diferente porque la capacidad cognitiva, la sensibilidad, no es la misma. Pero ocurren cosas como la de ayer... En la sesión con adultos, una mujer me dijo: «Este cuento lo necesitaba. Necesitaba un cuento así».
MARIO: A mí me alegra que los narradores digan que los cuentos tienen que ser los mismos para todos los públicos. Yo estoy en esa lucha, pero a mí no me lo compran, los adultos siempre esperan un poco de pierna. Yo no trabajo con adultos porque desde pequeño pensé que, como colectivo, los adultos no valemos demasiado, ya estamos formados.
Desde ese punto de vista, lo que hace Boni me gusta... Estamos aquí, todos adultos, en un bareto de copas, y ahora os voy a sacar el niño que tenéis dentro. En ese sentido, supongo que ayer la mujer le dio las gracias a Boni porque hace mucho tiempo que se estaba poniendo capas, que la niña la tiene muy adentro.
Además ese cuento al que se refiere Boni, el del elefante que perdió su ojo, es de estructura tradicional. Es decir, escuchas el principio del cuento y sabes dónde acaba. Pero no importa, la movida está en cómo te lo cuentan, en cómo te sacan el niño, lo ponen encima de la mesa, y empezamos todos a ver a ese niño. ¡Es súper interesante!
BONI: La primera vez que conté este cuento fue en Madrid en 2010, me invitó el embajador de mi país a un acto diplomático. Es un cuento de tradición oral. Era increíble, diplomáticos, embajadores de un montón de países... Todos los seres humanos necesitamos que nos cuenten historias.

¿Es difícil contar cuentos hoy en día con una competencia de lo digital tan fuerte?
MARIO: Los niños hoy en día están enchufados a las máquinas. El mío el primero; tiene su rato con la tableta, pero a la hora de dormir, no se le olvida su cuento. «Papá, vamos a contar el cuento». Nos sentamos en mi cama, ellos se sientan al lado, yo me pongo como un niño, ellos se relacionan conmigo como si fuera un niño a través de un libro... Hay tiempo para todo.
Los niños de la calle reclaman cuento. Las madres y los padres, sobre todo las madres, son las que vienen a las charlas de animación a la lectura y te piden recetas. «Enséñame a contar cuentos». Cómo te voy a enseñar a contar cuentos... ¡Eso está dentro de cada uno! Lo que pasa es que hay una generación que se nos han saltado de contar cuentos. Yo soy de esos. Me contaron el primer cuento cuando tenía 13 años y pensé... ¡Esto es la bomba! No me olvidaré nunca de esa sensación de viaje. Y me decidí a procurar lo mismo.
Aprender a contar cuentos pasa por desprenderse de las capas de la cebolla y mostrarte a tus niños tal y como tú eres. Nosotros siempre decimos que los cuentos no se pueden ensayar. Subes a un escenario, te desnudas ante los niños, y es una relación muy íntima que, a ellos, les flipa y les engancha.
BONI: Por eso se produce mucho esa conexión afectiva. Los padres que no cuentan cuentos a sus hijos desaprovechan una herramienta para crear un vínculo afectivo muy especial. El niño que escucha cuentos de boca de un adulto, coloca a ese adulto en una posición especial... Es la boca de donde sale la magia que le hace viajar.
MARIO: Además, a nivel formal, tiene más beneficios. El léxico que va aprendiendo el niño nada tiene que ver. Porque le vas contando lo que está escrito y, aunque no entienda alguna palabra, la va encajando en el texto y después, al ser esponjas, la vuelven a utilizar.
BONI: Es muy importante lo que apunta Mario. Por sí solo, el cuento ya tiene un valor, porque nombra las cosas. Las cosas no existen si no se nombran. La mente del niño es como un libro en blanco, hay que ir rellenándola de cosas. El niño descubre realidades escuchando sobre el mundo en el que va a vivir.

¿Estamos convencidos, familias y colegios, de la importancia que tienen los cuentos?
MARIO: En la zona de Alicante, de donde yo vengo, hay institutos que están desarrollando proyectos trimestrales para estudiar todas las materias a través de un relato. Hace tiempo que nosotros contamos cuentos y vamos por los colegios y los institutos contando a los alumnos y formando al claustro. Muchísimos claustros llaman ahora y te piden una charla de animación a la lectura. Y están todos los profesores. ¡Hasta el de educación física! Le interesa y luego lo aplica. Gotita a gotita, esto va calando. Me han llamado de un colegio para contarme que habían enfocado todo el trimestre hacia un libro y los chavales están encantados. Hay cosas que son un poco rollo aprenderlas, pero, si lo haces a través de un libro, es un juego, y se estudia mejor.
BONI: Es muy importante. Yo siempre que trabajo en colegios, intento trabajar de manera integral con los padres y los profesores.

El cuento ¿es un vehículo para transmitir conocimientos?
MARIO: Es el primer vehículo que se utilizó para transmitir lo que fuera. Imagina cualquier civilización antigua... Un niño le pregunta a su padre por qué el sol está allí arriba. El padre no tiene ni idea y se inventa una historia. Siempre ha sido el primer vehículo.
BONI: Hay algo muy curioso que estoy viendo en la biografía de muchos escritores... Todos afirman que escuchar relatos orales fue lo que les inspiró. Manuel Rivas dice: «Yo no sería escritor si de pequeño no hubiera escuchado cuentos».

¿Y al revés? ¿Los cuentacuentos escriben y cuentan sus propias historias?
MARIO: Para mí todo esto es un proceso. Yo llevo veinte años y voy progresando, haciendo etapas del proceso, casi sin saberlo. Mi última técnica es utilizar un pueblo que conozco; a sus personajes, que conozco muy muy bien... Encajo los cuentos ahí, los protagonistas son ellos y ellas. Al principio guardas las formas del cuento, pero después te vas a un relato que es tuyo y suyo, de los personajes. Después da apuro explicarles a los niños que toda esa historia viene de un libro, pero no es propiamente ese libro. Sí, acabas escribiendo. Pero escribir un cuento y que te lo publiquen, entrar en el mercado, ya es más complicado. Yo admiro a los escritores.

¿Cómo damos el paso de la narración oral a la lectura?
MARIO: Queremos provocar buenas sensaciones en el público y, después, explicarles que todo lo que ha pasado viene de un libro. Yo entro en una clase y empiezo mi cuento, mi sesión de narración, y los ves que a ratos están súper contentos, a ratos tristes, según vaya el cuento. Ellos son capaces de reconocer todas las emociones que están sintiendo. Cuando se acaba, muy tranquilamente les comentas que todo esto viene de los libros y que los libros se pueden encontrar en la biblioteca. En un colegio rural, tras la sesión, dejé el libro, muy en plan caramelo, en la mesita... Se levantaron y fueron a por el libro. En otro caso, les dije que no les contaría el final del libro... Y una de las niñas fue a buscar el libro y acabó de contar la historia al resto del público. ¡Ella pensó que tenía un poder! Pero la lectura es algo genético, como lo de cocinar o jugar al fútbol; lo tenemos más a mano, pero es difícil descubrir a quién le gusta la lectura.
BONI: Escuchar es fortalecer la imaginación. Y para leer, también es necesaria la imaginación. Quien escucha historias pone en marcha este mecanismo, porque se educa, se fortalece, se enriquece el imaginario. Una vez que tienes eso, tienes la curiosidad de coger el libro, porque allí hay más de eso. Hay un vínculo muy curioso. En mi caso lo tengo claro: leí mi primer libro con doce años. Veinte mil leguas de viaje submarino, de Julio Verne. Yo había escuchado cuentos toda mi vida. Fui a un colegio de Maristas, allá en Camerún, y a final de curso a los mejores estudiantes nos regalaban libros. Lo fui leyendo por el camino. Mi colegio estaba a una hora de mi casa y tenía la ventaja de que no había coches. Estaba tan metido en el libro que llegué a mi casa y, sin darme cuenta, ¡pasé de largo! Continué leyendo, lo viví como si estuviera dentro. Para mí fue mágico descubrir la lectura. Luego empecé a buscar otros libros de Julio Verne ¡y leí un montón!

¿Todos estamos predispuestos a escuchar? ¿O hay personas negadas a los cuentos?
MARIO: Aquí es donde entra el humor, que es tan importante. Sobre todo en esas sesiones de público familiar, con niños y adultos. Puedes contar los mismos cuentos que cuentas en las sesiones escolares, con otro metalenguaje, para que el adulto entre. Porque si no entra, está molestando. Cuando un niño no entra en un cuento, no pasa nada: se levanta y se va. Pero el adulto sigue ahí y se convierte en un incordio, porque habla, trastea con el móvil... Tienes dos opciones: o decirle que se vaya o, cada cierto tiempo, darles un bocadito de adulto. Entonces el adulto se convierte también en un niño y acaba disfrutando con el cuento.
Cuando utilizas esa disfunción en el lenguaje, los niños se ríen de una cosa y los adultos se ríen de otra. Cuando un adulto se ríe y el niño no, los niños, que normalmente están delante, se giran como diciendo «de qué se ríen estos». Y ahí también aprenden que hay dos tipos de humor, y alguno pone la oreja para intentar entenderlo.
BONI: Alguna vez, en bibliotecas, he visto a madres que llevan a sus hijos a escuchar cuentos, y es tanto lo que disfrutan... ¡que se olvidan por completo de sus hijos!

¿Por qué hay que leer y escuchar historias?
MARIO: Yo creo que hay que escuchar historias para tener más sensibilidad, para poder viajar. Y, sobre todo, tienen que haber proyectos como Fraga T Cuenta, donde están involucrados los colegios, porque es allí donde está el poder de la lectura. Luego, en casa, se puede, pero es más complicado, por los horarios. Para los maestros y maestras es una herramienta, porque los niños se motivan solos. Hay que saber qué cuento les das, hay que habérselo leído antes, hay que conocer al grupo que tienes delante, qué les motiva...
Estos proyectos enseñan a los maestros y maestras que hay un grupo de profesionales que nos dedicamos exclusivamente a esto y que nos tienen a su absoluta disposición, cuando quieran, para mandarnos un e-mail y consultarnos qué pueden leer a un grupo de chavales. Conocemos proyectos que se están haciendo en toda España y podemos asesorar, y corregir. Al final das con la clave. Es más fácil, para los profesores y para los alumnos.
BONI: ¿Por qué hay que leer y escuchar? Escuchar ya tiene un valor en sí, aprender a escucharnos. Pero además nos hace más sensibles. El mundo necesita personas sensibles. Leer es un arte y el arte nos hace sensibles. Las personas sensibles pueden desarrollar otro tipo de aptitudes, incluso actitudes. Leer nos abre la mente.


Entrevista publicada, extractada, en el número 1682 (marzo 2015) de la revista LA VOZ del Bajo Cinca, a la venta en quioscos, librerías y papelerías de Fraga. También te puedes hacer suscriptor (39 euros al año, + 4% IVA) y cada mes recibirás tu revista, cómodamente en tu casa.

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