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Alexis Estruga, pregonero Santa 2015

Alexis Estruga, pregonero de las fiestas de Mequinenza

ALEXIS ESTRUGA, pregonero de las fiestas de Mequinenza

«Ser pregonero de la Santa es una sorpresa, es algo que no se espera»

«Ser pregonero de la Santa es una sorpresa, es algo que no se espera»

Este mequinenzano inquieto ha recorrido medio mundo y, en pocos años, se ha trabajado una exitosa carrera profesional en el sector del turismo. Llegó a la universidad tarde, rondando los treinta, pero ha sabido aprovechar las oportunidades que se le han presentado. El secreto no es otro que el trabajo y luchar por lo que le apasiona. Acaba de regresar de República Dominicana, donde ha trabajado estos últimos años. Ahora espera destino cerca de casa: Mequinenza.


ENTREVISTA

Ser pregonero de la Santa 2015...
Ha sido una sorpresa. Es algo que no se espera y que te llega a contra pie. Supongo que será una noche muy especial, unas fiestas un poco diferentes.

¿Cómo recibió el encargo de hacer el pregón?
Me llamó la alcaldesa, Magda, y me invitó a pasar por el ayuntamiento. Cuando me hizo la pregunta, mi cabeza ya estaba pensando en mi próximo trabajo. En un principio era probable que no estuviera en Mequinenza para las fiestas. Por suerte, tengo la suficiente confianza con las personas con las que trabajo en el mundo del turismo para pedirles un par de días de fiesta para La Santa, y más en un caso como este.

¿Por qué motivo le han elegido para el pregón?
Fue lo primero que pregunté: ¿Por qué yo? Considero que hay personas que han hecho más méritos para ser pregonero, o gente del poble mucho más representativa y que también está fuera. Me comentó que era porque había dado a conocer el nombre de Mequinenza por muchos lugares.

¿Y de qué forma lo ha hecho?
Siempre que he ido por ahí, he estado muy vinculado al poble. Cuando he viajado, siempre he llevado una camiseta de mis Askis, una pañoleta de la Santa o algo tan simbólico como una piedra de mi pueblo, y últimamente la camiseta del llaut de Mr. Brocul, que se ha convertido en nuestro símbolo. Por otro lado, estos últimos 4 años, he tenido la suerte de dedicarme al mundo del turismo, he conocido a mucha gente, y siempre que me preguntan explico que soy mequinenzano.

¿Y cómo se explica eso a un extranjero?
Es muy fácil, les digo que soy español, aunque la mayoría no saben mucho sobre España; les digo que soy de un pueblo que está entre Barcelona, ciudad que todos conocen, y Zaragoza; si ponen cara rara, digo Madrid. Entre Madrid y Barcelona hay un pueblecito por el que pasa un gran río que se llama Ebro, y de allí soy yo, a mí me encanta decir de donde soy. Hay gente que se acuerda de mí porque les dije que no soy ni del Madrid ni del Barça, que soy de la Real Sociedad y de Mequinenza. Me gusta explicar que mi pueblo tiene dos ríos muy grandes y que si van a pescar se lo pasarán muy bien.

Explicar que eres mequinenzano es un tema muy recurrente en mi trabajo. Desde el primer momento hasta el último, tengo la posibilidad de entablar contacto directo con los clientes, que, en caso de cualquier incidencia, se acuerdan fácilmente de mí. A partir de esta interrelación personal yo obtengo información muy valiosa para tratar de hacer que sus vacaciones sean como un traje a medida. Y, claro, a ellos también les gusta saber un poco más de la persona que les ha ayudado, que les ha solucionado un problema, que se ha preocupado por ellos. Cuando creas un vínculo así, siempre hay un momento para aquello de... “¿Y tú, de dónde eres?”. Es una manera de crear un puente con otras personas, pura química.

¿Cuánto tiempo ha pasado fuera de Mequinenza?
Cuatro años, un año en México y tres en la República Dominicana, estos últimos trabajando a nivel gerencial. En México acabé la carrera en la Universidad de Monterrey y pedí hacer seis meses de prácticas, quería conocer como funciona un hotel de abajo a arriba. Estuve en un complejo de 3000 habitaciones y debí hacerlo bien porque, inmediatamente, me dieron trabajo como adjunto de gerencia en un hotel de la cadena en la República Dominicana, en el hotel Luxury Bahía Príncipe Cayo Levantado. Y hasta ahora.

Háblenos de su trabajo en este hotel.
He trabajado como adjunto de la gerencia, subdirector anfitrión y gerente de alojamiento, últimamente con más de 200 personas a supervisar. Me gusta trabajar en equipo; yo tenía 450 amigos, 200 de ellos a mi cargo. Me siento especialmente orgulloso de que durante esos tres años no he despedido a nadie, imagínate que relación tenía con mis compañeros de trabajo, una familia.
Cuando yo llegué al hotel, que sea dicho ya era una preciosidad, lamentablemente no destacaba sobre los competidores. Tenía un potencial descomunal, pero no se le sabía sacar todo el jugo. Era bueno, pero podía ser el mejor… Tras 3 años lo hemos posicionado, según la reputación online, como segundo mejor hotel del Caribe y sexto del mundo, en la categoría de hoteles ‘todo incluido’. He pasado de un periodo de prácticas de seis meses, en el que sacaba la grasa de la cocina, hacía camas y pasaba noches de guardia con una escoba en la mano, a ser gerencia de un hotel de lujo con 265 habitaciones. «Para saber mandar, hay que saber hacer primero»; esto me lo han repetido muchas veces en casa, especialmente mis padres y abuelos.

Un éxito meteórico... ¿Cuál es la clave?
Si te gusta lo que haces, caminas mucho, le echas horas, hay un director proactivo que escucha tus propuestas y te da libertad para ponerlas en marcha, y sin prisa pero sin pausa haces tu equipo y al final los números salen, es algo fantástico. En el trabajo no hay ningún secreto: se trata de trabajar mucho mucho, hay veces que hasta 14 y 15 horas al día. Estar encima, supervisar, modificar, gestionar, adaptar, volver a planificar... Es pasión, es mejorar continuamente… Todo el mundo puede, pero no todo el mundo quiere o se atreve, es complicado. A mí me han enviado gente de otros hoteles para formarla, y al segundo día me han dicho que lo que yo hago es demasiado complicado, que se tiene que trabajar demasiado... Yo les digo que “nadie da duros a 4 pesetas”, y claro, al tercer día ya tienen suficiente y quieren volver a su hotel.

Ha dejado República Dominicana y ha vuelto a casa. ¿Por qué?
Hace un año y medio, en la primavera de 2014, con mi media naranja Stephanie, empezamos a proponer a la compañía un traslado a destinos de España. El hotel iba muy bien, minimizábamos o eliminábamos las incidencias, el 95% de los clientes estaban muy contentos, si alguno tenía un problema se le solucionaba en el acto, siempre dando la cara… y al año siguiente muchos repetían. Después de dos años trabajando tan bien en este hotel, me empezaron a mover a otros hoteles, para enseñar y reimplantar nuestro know how, lo que nosotros hacíamos y que tan buenos resultados estaba dando. Cuando ves que cada vez estás menos en tu hotel, donde has forjado tu proyecto, tu pequeña criatura, y te llevan a otros hoteles... Es un reconocimiento que está muy bien, porque confían en ti y te mejoran las condiciones, pero tienes que comenzar de cero en un nuevo hotel, donde hay otros profesionales, que tal vez no están tan alineados con el objetivo, ni son tan proactivos ni comprometidos como el grupo que has formado en tu hotel... En la última inauguración de un hotel de lujo que tuvimos, me di cuenta de que me estaba quemando demasiado. Tras pensarlo concienzudamente solicitamos a la compañía que a medio-largo plazo nos acercaran a casa.

¿Se echa mucho en falta?
Por supuesto, encuentro a faltar muchísimo a mi gente, pero intento no pensar en ellos. Todas las vacaciones que he hecho durante estos cuatro años las he utilizado para volver al poble y hacer cosas que de verdad me gustan. Trabajo y hago lo que me gusta, pero me falta mi familia, mis amigos y mi tierra. ¡Echo de menos les coques de San Blas y Santa Águeda y los disfrasos! Una cena con los amigos en cualquier masía, la Pascua, un Madrid - Barça con amigos...

¿Tiene destino?
Hemos pedido Canarias y Baleares. Si pudiera trabajar en Barcelona, Zaragoza, Madrid o Tarragona, todavía estaría mejor. Soy muy leal y le doy prioridad a mi compañía, pero tenemos contactos con otras compañías. He pasado cuatro años maravillosos en el Caribe, pero no deseo volver, quiero estar lo más cerca que pueda de Mequinenza, por eso no nos cerramos ninguna puerta.

Y regresa con su pareja...
Sí, y con sus padres. Stephanie es alemana, pero vivía en la República Dominicana con su familia. Sus padres vinieron el año pasado para la Santa y les gustó Mequinenza. Empezaban a necesitar un nuevo cambio y querían volver a Canadá o a la vieja Europa. Nos marcamos como objetivo volver en el 2015. Mis suegros viven en Mequinenza desde febrero. Se relacionan todo lo que pueden, pese al idioma; lo mequinensà no es fácil para un alemán, pero ayuda mucho que la gente les habla en castellano. Además, tenemos la suerte de tener una colonia de alemanes en el poble, eso también es importante para ellos. Entienden el español, pero lo hablan poquito; ahora en otoño empezarán a estudiarlo en serio, se van apuntar a las clases de español para extranjeros que se imparten en Mequinenza. A Stephanie le gusta mucho Mequinenza. Tiene su título de secretariado alemán, habla cuatro idiomas casi a nivel nativo y, además, tres años de experiencia laboral en uno de los mejores hoteles del Caribe.

¿Ya tiene preparado el pregón que leerá el miércoles 16?
La verdad es que no. Tengo varias cosas en la cabeza. El problema será como juntarlas. He estado leyendo los pregones de años anteriores y cada uno es diferente. El año pasado, que tuve la suerte de verlo en directo, fue muy divertido y emotivo a la vez.

Reparo a hablar en público, con su desparpajo, no tendrá...
¡No te creas! Es fácil hablar con una persona que va estar 2 o 3 semanas contigo; es un cliente que seguramente ha pagado mucho dinero y quizás no está del todo contento, pero, al final, no habrá casi ningún vínculo con él después de su estancia. Si hay problemas hay que acercar posiciones y llegar a un acuerdo satisfactorio para ambos, luego seguimiento hasta el último día y nos vemos el año próximo. No es lo mismo con una persona que conoces y te conoce de casi toda tu vida. Tengo la suerte inmensa de conocer a casi toda la gente de mi pueblo, gente mayor y gente menuda. Con 19 años hice la prestación social sustitutoria de la mili en Mequinenza: un año ayudando a la gente mayor y sus familias en casa. Y a los 31 años estudiaba en Lleida con chicos de mi pueblo que tenían 18. Si a esto le sumas que durante años estuve en muchas de las salsas de mi pueblo… Por eso tengo algo más de miedo, porque me conocen todos, hay más responsabilidad.

Además, por mi naturaleza, si algo sale mal, me afecta mucho. En cambio, si todo va bien, no me afecta casi nada; consigo una meta y no la sé disfrutar, porque mi cabeza ya piensa en la siguiente. En este aspecto, soy muy patético. Hace cuatro años estaba trabajando en “la fabrica”, encantado de la vida; un día decidí probar a mejorar mi situación y, tras estudiar y trabajar muchísimo, conseguí llegar a vivir de lo que deseaba, y en muy buena posición. En estos ultimos tres años he logrado los más altos reconocimientos en mi trabajo, pero sigo siendo la misma persona que llevaba unas llaves allen y tornillos en la mano; sigo prefiriendo unos canelones de casa a una langosta preparada por mi mejor chef.

¿Lo mejor de La Santa?
Lo mejor de todas las fiestas es la gente. Para mí las fiestas son cuando puedes encontrarte con gente que hace mucho tiempo que no ves, y puedes estar más de dos horas con ellos, y no siempre en el mismo bar. Ver a mis compañeros, los de mi colla y de otras collas, compartir las cenas, discutir, contar mentiras, rememorar viejas batallas, arreglar el mundo en cinco minutos... Las fiestas en el Caribe eran espectaculares, de élite y glamour, otro nivel, pero faltaba mi gente para disfrutar de ellas.

Mequinenza está apostando fuerte por el turismo. Si se los pidieran, ¿qué consejos daría, desde su experiencia?
Mequinenza tiene un potencial descomunal: el entorno natural, su ubicación, infraestructuras creadas, el río, el castillo, la historia... Pero tiene que haber gente detrás con ganas de creer que es posible el crear para después crecer. El hotel en el que estaba yo era precioso: un hotel en una pequeña isla rodeado de aguas turquesas y playas de arena blanca con palmeras, idílico. ¿Cuál es la diferencia entre el hotel que encontré a mi llegada y el que dejé cuando me fui? Que yo tenía ganas de convertir aquel hotel, que era guapo, en espectacular, siempre tuvo el potencial, tenía la infraestructura natural, pero no la habían desarrollado, nadie se propuso convertirlo en “el hotel”. Era muy bueno, pero en 3 años ha conseguido ser matrícula de honor. Aquí es un poco lo mismo, creo que son indispensables las ideas, las ganas de desarrollar, la gente que de verdad se lo crea y quiera tirar del carro. Adelante, que querer es poder.

¿Esto se aprende?
Se aprende. Hay que leer y salir fuera a ver qué y cómo lo hacen en otros lugares. Yo cogí una primera base en Paradores de Turismo y después en México. Luego, cuando llegué a República Dominicana, apliqué lo que había aprendido. Fue un cortar-pegar que, a larga, me evitó muchos problemas que hubiera tenido si hubiera comenzado a innovar de buen principio. Hay que salir, mirar lo que funciona, acercarte para escuchar a la gente que sabe, apuntarlo en tu libreta y luego, poco a poco, empezar a desarrollar tu proyecto, con objetivos claros y posibles a medio/largo plazo. Si tropiezas, vuelve a levantarte… Y cuando tengas un rato de tranquilidad, camina y analiza qué pasó para seguir aprendiendo.

Esta es mi filosofía de vida...

Caminante, son tus huellas el camino y nada más;
Caminante, no hay camino, se hace camino al andar.
Al andar se hace el camino, y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca se ha de volver a pisar.
Caminante no hay camino sino estelas en la mar.

 

Trayectoria Profesional

¿Cómo surgió su interés por el turismo?

Esto es un poco el Camino de Ítaca. Acabé el bachillerato en Fraga, suspendiendo un curso, que conste en acta, y a los 19 años empecé a trabajar en Arbora & Ausonia, donde durante 12 años maravillosos aprendí mucho. Sin “la fabrica” y su gente no hubiese despertado el gusanillo de viajar para disfrutar de experiencias espectaculares. Y es que con el trabajo a turnos tenía tiempo de viajar y descubrir nuevos lugares, nuevas gentes. Por diversas razones, no era fácil hacerlo, básicamente porque nadie quería aventurarse tanto o tan lejos, pero vas viajando solo, vas conociendo gente con las mismas inquietudes que tú... Y como me gustaba viajar, pues también me impuse hablar idiomas que me fueran útiles en los países a visitar, por lo que me centré en estudiar módulos o carreras con idiomas.

Cuando llevaba cuatro años en “la fabrica”, y ya estaba fijo, surgió la posibilidad de volver a estudiar junto a 2 compañeros de trabajo. Así que con 23 años empecé en el IES Bajo Cinca un grado de Administración y Finanzas, trabajando a turnos. Se hacía pesado, pero se podía llevar. Y si sacabas buenas notas, te concedían becas. Gracias a una de esas becas me fui un mes a Nueva York. Al acabar el grado, coincidió que mi hermano Víctor se iba a estudiar a Lleida y miré si había algo que me interesara. Me decidí por Comercio Internacional, volví a sacar buenas notas y con otra beca me fui un mes a Irlanda. Y al año siguiente, otra vez con buenas notas, cayó un mes en París. Cuando volví, me tomé un año sabático de estudios, pero durante ese año nos fuimos un mes a China con unos amigos, ¡menudo viaje!

A la vuelta, y con el gusanillo que había tenido siempre de probar la universidad, pregunté por estudiar la carrera de Turismo en Lleida, como siempre algo relacionado con viajar… y me metí de cabeza. Me gustaba estudiar, había visto cómo sacarle partido al asunto: si sacabas buenas notas, caían becas. Cada título te daba más currículum y más posibilidades, además mejoraba los idiomas para viajar, o lo que viniese.

La carrera de Turismo me fue muy bien. Conseguí una beca emérita y me fui a México durante un año, donde hice mis prácticas. Para esto tuve que solicitar una excedencia laboral de cinco años, que me concedieron. Hasta entonces, pasar un mes en el extranjero, trabajando en “la fábrica”, se podía trampear: hacía días festivos, cambiaba turnos y me guardaba días para agosto o septiembre con el objetivo de irme un mes entero a estudiar idiomas en el extranjero. Sin la complicidad de mis compañeros de trabajo no hubiese podido ser, me ayudaron muchísimo.  

Las prácticas en México las hice en la cadena Bahía Príncipe, en el Resort Gran Bahía Príncipe Riviera Maya. Les gustó mi perfil, me contrataron y me enviaron a la República Dominicana.


Entrevista publicada en el número extra Santa 2015, Mercocasión y otros eventos (septiembre 2015) de la revista LA VOZ del Bajo Cinca, a la venta en quioscos, librerías y papelerías de Fraga. También te puedes hacer suscriptor (39 euros al año, + 4% IVA) y cada mes recibirás tu revista, cómodamente en tu casa.

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