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Alberto Franco, comerciante

Alberto Franco, comerciante

ALBERTO FRANCO, comerciante

«Espíritu de servicio y profesionalidad son las cualidades que debe tener un buen comerciante»

Espíritu de servicio y profesionalidad son las cualidades que debe tener un buen comerciante»

Entró a trabajar, con 14 años, en Almacenes Esteve, en la década de los 50. En 1981, junto a su mujer, abrió su propio negocio: Franco Moda. Estuvo detrás del mostrador hasta 2010, pero todavía es fácil verle por la tienda y charlar con él. Y sentir su pasión por un oficio, el de comerciante. Aunque en su caso, más que profesión, ha sido una vocación. Y de eso es difícil jubilarse.

Alberto Franco Ara no solo vendió trajes, cortinas o colchones. También vendió comercio y vendió Fraga, tanto a nivel particular como en las asociaciones de las que formó parte. Todavía vende y defiende el comercio local en cualquier oportunidad que se le presenta, como esta entrevista.


ENTREVISTA

Cuando le dan un premio por la trayectoria profesional... ¿qué piensa?
Es un reconocimiento al trabajo, al esfuerzo, a la dedicación al comercio, al estar dentro de asociaciones y ayudar al asociacionismo. Me quedé muy contento y satisfecho. En la entrega del premio asistieron personas que habían trabajado conmigo en las asociaciones. Sin ninguna duda, he trabajado muy a gusto en este campo.

Presidió la asociación de comerciantes en un momento clave para convertirla en lo que es ahora, una pieza fundamental en el tejido fragatino.
En Fraga hubo cuatro asociaciones de comerciantes, pero no podía ser y se unieron en una, que iba funcionando. En una etapa no se hicieron las acciones necesarias para su mantenimiento. Al mismo tiempo, desde los estamentos públicos se pedía más actividad, incluso que se integrara dentro de La Intersectorial. Esto no ocurría, y en una asamblea general de la asociación, unos cuantos socios nos presentamos voluntarios para ser miembros de la junta, para darle un impulso que creíamos que no tenía y que era necesario. Me nombraron presidente, nombramos a los cargos preferentes y a partir de allí marcamos las directrices que debía llevar la asociación.

¿Cuáles eran esas directrices?
Dinamización del comercio. En primer lugar, organizamos una semana del comercio. Potenciamos los mercadillos y las campañas de Navidad, que ya se celebraban. Recuperamos los desfiles y la pasarela, que en su tiempo ya se habían celebrado. Reactivamos la asociación. Iniciamos un contacto más directo con las instituciones: la DGA, la Cámara de Comercio, la DPH... Nos consolidamos. Y a partir de este punto se iniciaron las actividades. Hicimos visitas a los comercios de Cataluña para conocer en qué consistía un centro comercial abierto. Visitamos Teruel, que tiene una asociación de comerciantes muy activa. Queríamos aprender, copiar de lo mejor y cambiar lo que no estaba bien. Después, con la colaboración de la DGA, participamos en la revisión del Plan Local del Equipamiento Comercial (PLEC), que marca las directrices de por donde tiene que ir el comercio. Y todo esto es lo que ha ido potenciando la asociación de comerciantes.

¿Por qué necesitamos asociaciones?
Por una sencilla razón: tenemos que mostrar el potencial del comercio de Fraga, que lo tiene. El PLEC nos dice que Fraga, por metro cuadrado y habitantes, está por encima incluso de Cataluña. Pero tenemos un problema: Lérida está a veinte minutos. Por eso tenemos que ser más dinámicos, no podemos dormirnos. Significa juntarnos, por ejemplo para hacer cooperativas de compras, actividades conjuntas... Por esto es necesario.

La amenaza no viene solo de Lérida, las grandes superficies están aquí.
Las cadenas de distribución están cogiendo una cuota de mercado muy importante y no podemos hacer nada. En muchas poblaciones de la comarca el comercio tradicional y de proximidad ha desaparecido. ¿Quién se los ha comido? El comercio de Fraga. Pero la globalización amenaza con comerse al comercio de poblaciones como Fraga, que hoy son el centro comercial de las comarcas. A través de localidades con un gran potencial de habitantes, las grandes superficies intentan comer todo lo que pueden. Y allí estamos nosotros. Ahí están las asociaciones para intentar organizar actividades, hacer un bloque, aprender si es posible, aunar fuerzas para limitar las posibilidades de las grandes superficies.

¿De qué etapa ha disfrutado más como comerciante?
Entré en el comercio en la década de los 50 y he estado hasta los 72 años trabajando en el mostrador, hasta 2010. En los años 60 no había nada, nadie tenía pantalones, camisas... pero no había dinero. En 1975, mi mujer y yo decidimos que teníamos que abrir una tienda. A nivel personal tenía un capital muy importante, un capital de clientes que había conseguido a lo largo de muchos años como trabajador del comercio. Conocía perfectamente todos los pueblos de la comarca, conocía las casas, las personas... Aquel año ya queríamos instalarnos en las afueras, teníamos un local mirado, que nos falló. En 1981 adquirimos el local de la avenida de Aragón y a partir de allí comenzamos. Para mí los mejores años fueron del 80 al 90.

¿Por la ilusión del comienzo?
La ilusión no la hemos perdido nunca. Para mí estar en la tienda no ha sido un trabajo. Es algo que me gusta hacer, no ha sido un sacrificio. He trabajado sábados, domingos, seis días a la semana, siete, sin ningún problema. ¡Encantado de trabajar! Multitud de domingos venía a trabajar y después me iba a merendar con los amigos. Éramos emprendedores sin posibilidades económicas y tuvimos que trabajar mucho. Nos instalamos y la verdad es que nos fue muy bien. Y hemos ido progresando, pero siempre con espíritu de servicio, lucha, esfuerzo y trabajo. El pequeño comerciante es atención al cliente, calidad de comercio y estar al servicio del cliente. Es lo que tiene que hacer y es lo que hemos hecho nosotros.

Decía que su mejor época fue la década del 80...
Porque hubo una transición, un cambio muy importante. La sociedad explotó y la gente tenía ilusión, España se estaba recuperando y estábamos mejor. Aquella situación era peor que la de ahora: la sociedad actual tiene más dinero, sin tenerlo, que el que tenía en el año 80.

Y habrá vivido sus crisis...
Sí, por supuesto. Épocas buenas ha había muchas, pero también ha habido muchas crisis. He vivido la crisis del petróleo, en el año 73, la Guerra de los Seis Días, cuando la gasolina pasó de costar 3 a 6 pesetas... En el año 82, cuando comenzábamos, en España había 3 millones de parados, un 25% de paro, y los intereses estaban al 16%.

¿Cuál ha sido la peor época?
Una época muy difícil es la actual. En el año 92, cuando acabaron las Olimpiadas y la Expo, dijeron que no había ni un duro. Recuerdo que nuestras ventas siempre habían sido ascendentes y en octubre del 92, planearon. Y llegó el 93 y bajaron un 15%. Pero en el año 95 habíamos vuelto a los niveles del 92. La crisis duró un año y medio. Pero esta crisis es diferente. Los bancos han dado dinero sin sentido. Yo siempre he tenido mucho respeto al dinero que te dejan los bancos, porque hay que devolverlo. Ahora hay dinero para dejar, pero no hay confianza en que se pueda devolver y no hay proyectos.

El textil, ¿sufre tanto o más la crisis que otros sectores?
Te pondré el ejemplo del representante de un producto para la zona de Aragón, La Rioja y País Vasco, que en el año 2008 tenía 200 clientes en su hoja de ruta. En 2014 le quedan 90. Han cerrado 110 tiendas. Y de los 90, le compramos 60. Es un golpe muy fuerte. El sector está atravesando un mal momento.

¿Razones?
Un problema que tiene España es que cada vez hay menos fabricantes de textil. Las cadenas de distribución compran o elaboran producto de calidad sencilla que fabrican en países con pésimas condiciones laborales, incluso en barcos en aguas internacionales. El grupo Inditex ha creado muchos puestos de trabajo en España, de distribución y diseño, pero ha eliminado de un plumazo la confección y la elaboración de los productos en las zonas industriales de las grandes capitales. Había talleres en pequeñas localidades, como Zaidín, que han ido desapareciendo. Las marcas o empresas de España ya no producen en España. Han tenido que irse, y luego volver, porque el producto no es de la calidad del que confeccionaban aquí.
La calidad de las prendas de vestir se ha devaluado. Antes, una persona se compraba una chaqueta y le duraba 2 años, 3 o los que fueran, y la llevaba muy a gusto. Ahora quiere cambiar de ropa más a menudo, compra más veces ropa más sencilla. Estos productos no se fabrican en España. Esta es la razón del problema del paro en el sector textil. Este paro y la desaparición de los talleres se debe a que las cadenas de distribución ocupan un puesto muy importante a la hora de vender y un puesto muy importante a la hora de no fabricar. Pero no solo pasa en el sector textil, lo mismo ocurre en muchos otros sectores.

¿La profesión ha cambiado mucho con los años?
La esencia sigue siendo la misma. Mi vida profesional, hasta el año 90, giraba en atender al cliente, que necesitaba la ayuda del dependiente a la hora de comprar. En la actualidad, hay mucha gente que quiere decidir por sí misma, porque está acostumbrada a centros comerciales donde nadie le atiende. Es una venta muy fría. Aquí, detrás del mostrador, todavía hoy en día se asesora al cliente profesionalmente. Y hay mucha gente que lo quiere, que no sabe comprar en grandes superficies o compra más a gusto en cualquier comercio de Fraga donde le atienda personalmente.

¿Qué debe tener un buen comerciante?
Espíritu de servicio y profesionalidad. Estar por el cliente, ser amable y profesional al mismo tiempo.

¿Qué echa en falta hoy en el comercio?
Tal vez lo que el comercio necesita es tener un horario más flexible, abrir más días. Pero el pequeño comercio no tiene capacidad para asumirlo. Estamos atrapados. El comerciante autónomo, si quiere abrir 7 días a la semana, tiene que trabajar 7 días a la semana, pero tiene una familia.

Su hijo ha continuado en el negocio familiar. ¿Cómo se hubiera sentido de no ser así?
Defraudado. Uno de los problemas que tiene hoy en día el pequeño comercio es que no hay segunda generación, o tercera, para continuar con lo que se ha comenzado. En las grandes capitales, comercios que han pasado por varias generaciones, hoy en día ya no están. Quizás porque hay más complicaciones. Los gobiernos intentan potenciar esta continuidad porque una empresa no se crea en un momento. Si la cierras no vuelve a abrir. Hoy en día es difícil aguantar.

¿Cómo se continúa adelante en una situación tan complicada como la actual?
En estos momentos se está hablando de una recuperación. Pero esta recuperación es de las grandes empresas, que tienen capacidad de exportación, de ser multinacionales. Compensan el mal momento de España con sus beneficios en otros países. Nosotros no tenemos esta capacidad. Otro problema es que han bajado los sueldos de los trabajadores. Y este es un mal asunto. Si una persona no gana dinero, no lo puede gastar. Del 2000 al 2008 se abrieron muchas tiendas que han tenido que cerrar. Estas tiendas son personales, con espíritu de servicio. Cuando se tiene que dejar en terceras manos, es cuando se tiene que cerrar.

 

“¿Qué recomiendo a los jóvenes? Sacrificio, siempre mejorar y reciclarse”.

 

¿Se arrepiente de algo que haya hecho o de no hacerlo?
Me hubiese arrepentido de no haber hecho lo que he hecho. No me arrepiento de nada.

De no ser en la tienda, detrás de un mostrador, ¿dónde le hubiéramos visto?
No lo sé. Cuando era pequeño mis padres me preguntaron si quería ir a trabajar a ca Esteve y allí fui, con 14 años. Trabajé en Almacenes Esteve 30 años y después monté mi negocio.

Fue un emprendedor de la época...
Yo estaba bien pagado en mi trabajo, pero creía que tenía capacidad, capital de clientes y amigos, y conocimientos, como para abrir una tienda y hacerla funcionar. Mi mujer y yo teníamos dos hijos y no teníamos otra manera de vivir. Íbamos a saltar al precipicio, sin paracaídas. Nos arriesgamos y salió bien. En el año 92 se incorporó mi hijo Alberto. Había estudiado Interiorismo y llevaba el departamento de cortinas. Ampliamos, hicimos una reforma muy importante en la tienda, doblando el espacio. Después trasladamos descanso y hogar a otra tienda en Cabañera Real. No es usual que una tienda tenga cuatro secciones (cortinas, descanso, hogar y moda) y que funcionen. Es muy laborioso en el aspecto de gestión de compras, capacidad para controlar todos los detalles... Se consigue a base de estar mucho por el trabajo.

¿Ha sido un buen maestro?
Alberto es una persona atenta, que está por la gente, y esto es muy importante. En nuestra casa he tratado de enseñar el espíritu de servicio y modestia, a llevar una vida normal dentro de una sociedad normal. No queremos ser ni más ni menos. Somos trabajadores.
 
¿Todavía le pide consejos?
Ya no. Creo que en una transición es importante equivocarse. Tu ves que esa persona se equivoca, pero tienes que dejar que se equivoque, porque así se aprende. Tiene que caer y levantarse. Ahora es cuando una persona tiene que demostrar que vale. Llevamos cinco años, que son cinco años difíciles. No hemos tenido problemas económicos, hemos seguido adelante y nos hemos valido por nosotros mismos. Aguantamos, que es, creo, lo que hacen muchas empresas.

¿Qué recomendaría a los jóvenes que están al frente de pequeños comercios?
Sacrificio. Siempre mejorar, y reciclarse.

¿Es difícil jubilarse?
A mí me ha sido muy fácil, porque no me han despedido del puesto de trabajo. No me han dicho: “No vengas”. Lo único que he hecho es no estar detrás del mostrador. Estoy encantado de estar por la tienda, hablando con la gente, y salir a la calle y seguir hablando con la gente. Y tengo un horario más flexible.

Ha dirigido su negocio pero también ha dedicado muchas horas al trabajo colectivo...
Es muy importante que las personas se dejen ver y participen por la comunidad. He formado parte de La Intersectorial desde que se fundó, y hasta que me retiré en 2010. Fui miembro de la primera junta que votó como presidente a José Portolés. Después fui presidente de la asociación de comerciantes, durante casi cuatro años. Son responsabilidades que ocupan tiempo en detrimento de tu propio negocio; aún así, se tiene que hacer. Me ha gustado mucho esta experiencia, he aprendido mucho y he conocido mucha gente. Esto es bueno para la persona que participa y es bueno para el sector que representa. Las asociaciones son muy importantes. Un pueblo sin comercios está muerto. Tiene que haber luz, escaparates, jolgorio... Estoy muy contento por haber participado en estas asociaciones para dinamizar el comercio fragatino.

Y también formó parte de la Delegación de Comercio.
Sí, fui miembro de la Delegación de Comercio del Ayuntamiento de 1988 a 1992. Contribuir no es solo estar en una asociación. Contribuir es que se organice Fraga Pasarela y tú participes, con toda la voluntad e interés. Contribuir es también montar un stand en Mercoequip, 23 años consecutivos... Me han llegado a decir que a mí no me hacía falta ir a la feria porque ya me conocían. ¡Pero hay que recordarlo cada día! Hay que abrir la tienda cada día y hablar con la gente cada día. Estar al frente de tu negocio cada día. Los problemas que tú tengas a nivel particular, no se tienen que exteriorizar. Al cliente no le importan tus problemas, si no puedes pagar una letra o si tienes que endeudarte para ampliar, porque es la mejor manera de seguir... Y en esta situación hemos estado varias veces mi mujer y yo.

Pilar, siempre a su lado.
Hemos estado siempre de acuerdo. Ella tiene don de gentes y siempre le ha gustado mucho la tienda. El compromiso era conjunto, el 50% de cada uno. Y nos arriesgamos mucho.

Para acabar, una reflexión sobre el comercio fragatino. ¿Es optimista?
El comercio de Fraga, si lo comparas con el comercio de Calatayud o de Ejea de los Caballeros, es mucho más dinámico. Tiene una tendencia más catalana. Así lo reconocen muchos representantes que visitan todo Aragón. El pequeño comercio mueve Fraga muchísimo. La Becton es muy importante, pero el pequeño comercio también lo es. No le damos la importancia que tiene. Lo veo fuerte y bien presentado, aunque pueda tener alguna carencia.

Entrevista publicada en La Voz nº 1680. enero 2015.

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