CARLES CASTELLÓ, pregonero Santa 2014
«Hacer un pregón es una gran responsabilidad»
«Hacer un pregón es una gran responsabilidad»
No nació en Mequinenza ni ha residido en el poble de forma permanente. Pero todas sus raíces son mequinenzanas, y aquí ha pasado largas temporadas. Se siente del poble y lo manifiesta cada vez que escala, llevándose consigo una bandera de Mequinenza. Su gran afición es el alpinismo, es corredor de ultra distancia y deportista solidario. El 21 de septiembre viaja al Himalaya para su próximo reto: escalar el Island Peak, de 6000 metros, y realizar el trekking del Campo Base del Everest.
ENTREVISTA
¿Cómo recibió el encargo de hacer el pregón?
Me llamó la alcaldesa y me dijo que habían pensando en mí para ser el pregonero de las fiestas, y la verdad es que me asusté. Es una gran responsabilidad estar delante del poble y hacer un pregón. Con los días, le vas dando vueltas y te lo tomas de otra manera.
¿Por qué motivo le han elegido para el pregón?
Creo que el motivo principal es porque hice el Camí del Sol, ir corriendo desde Tarragona hasta Mequinenza. Fueron 130 kilómetros en 20 horas, en octubre de 2013. Era un sueño que tenía desde hacía mucho tiempo. En su momento creó cierto revuelo, me estuvo siguiendo mucha gente y cuando llegué a Mequinenza me organizaron una recepción en la plaza. Además, tengo una bandera de Mequinenza y siempre la saco cuando hago alpinismo, es una forma de potenciar mis sentimiento por el poble.
¿Qué es la ultra distancia?
Son carreras muy largas y suelen ser muy duras, de 80, 90 o más kilómetros, con muchos metros de desnivel. Son carreras donde siempre me he sentido cómodo porque no soy un corredor rápido, pero sí tengo resistencia. De forma habitual, corro desde el año 2010. Antes había hecho cosas en la montaña, pero no correr. Lo probé y me gustó.
¿Qué le llevó a probar la ultra distancia?
La vida te va llevando a estas cosas. Comencé a hacer deporte porque había engordado más de la cuenta y empecé a caminar, a coger la bicicleta, algo de gimnasio. Cuando hacía bicicleta pasaba mucho rato fuera de casa. Tenía una criatura pequeña y pensé en cambiar la bici por correr. Pero acabé corriendo 4 o 5 horas. Te encuentras bien, ves que te gusta y vas progresando.
También practica alpinismo.
Sí, es lo que más me gusta. Lo de correr lo utilizo como un entrenamiento para el alpinismo. Busco más la esencia de estar en contacto con la naturaleza. Me gusta escalar el hielo, subir por los corredores y canales de hielo... Buscar la ruta más difícil para llegar a la cima. Y sobre todo en invernales, con nieve y hielo, que es lo que más me gusta. El día 21 de septiembre me voy al Himalaya. Voy a Nepal, para realizar el trekking del campo base y cuando estemos aclimatados, intentaremos subir una montaña de 6200 metros, el Island Peak. En el fondo es un entrenamiento para ver cómo nos encontramos a esta altura para encarar un proyecto a largo plazo de subir un 8000.
¿Quién le acompaña en estas escaladas?
Tengo un compañero de cordada, Sergi López, con el que hago todas las salidas de alpinismo. Un compañero de cordada es la persona con la que escalas, con la que te atas la cuerda y con la que tienes que tener un elevado grado de confianza. Aunque Sergi no viene al Himalaya, voy con otro compañero. Somos un equipo de dos personas, a veces tres o cuatro, pero en alpinismo cuantos menos, mejor, por cuestiones de seguridad.
¿Cuándo y cómo descubrió la montaña?
La montaña me gusta desde siempre. De pequeño me las miraba, de más joven subimos alguna montaña de 900 metros y le fui cogiendo ganas a subir algo más alto. Y en torno al año 2008 - 2009 empezamos a hacer cosas más serias. ¿Qué me da la montaña? Es muy difícil de explicar, se tiene que vivir. Una mezcla de conceptos, de paz y tranquilidad, de estar en comunión con la naturaleza. Estás tú, la naturaleza, los elementos, ese punto de riesgo que te da una subida de adrenalina. Yo no entendía qué encontraba la gente poniéndose en riesgo. En alguna situación he vivido esa adrenalina del riesgo, el sabor metálico que te deja el miedo en la boca. Es una sensación cruda, muy difícil de entender, pero una satisfacción muy grande.
Una sensación que engancha...
Mucha gente la define como una droga, porque engancha. Vas progresando y cada vez intentas algo un poco más difícil. Siempre con la seguridad proporcionada por el material. Llevamos cuerdas, arneses... Pero a veces te encuentras en una situación delicada. La montaña es una válvula de escape de la vida diaria, del trabajo, de la familia, de los hijos... Hay veces que necesitas un momento de desconexión.
¿Qué condiciones físicas y mentales son necesarias para practicar alpinismo?
El mental es uno de los factores más importantes, no querer hacer cosas que no estén a tu alcance. Es ir progresando poco a poco, porque, de lo contrario, puedes tener malas experiencias. Y una mala experiencia puede hacer que lo dejes para siempre. En el aspecto físico lo más importante es tener resistencia, poder hacer esfuerzos durante muchas horas. Subir y bajar una montaña de 3000 metros en verano te puede costar unas 6 horas, pero en invierno estás hablando de 14 horas, por las condiciones de viento y frío. Esto hace que necesites un gran componente de resistencia física y un componente mental de tranquilidad, de no ponerte nervioso, de saber controlar, porque las cosas se pueden torcer en un momento.
¿En cuánto prevén ascender los 6000 metros en el Himalaya?
Hasta llegar a la base de la montaña tenemos nueve días de caminata, de ir subiendo metros para aclimatarnos. Después son 1000 metros de desnivel desde el campo base, por terreno muy técnico de glaciares, una pared de 150 metros de hielo que tenemos que escalar. Desde allí hasta la cima hay una pista por donde pasa una sola persona: a un lado tienes más de 1000 metros de precipicio y, al otro, unos 500 o 600. Todo esto estando por encima de los 5000 metros, donde el desgaste físico y la dificultad aumentan mucho más. Creo que estaremos unos 17 días para completarlo todo.
¿Así son sus vacaciones?
Hice unas pocas en julio con la familia y este viaje será el resto. Al Himalaya no he ido nunca, es mi primera experiencia. Hemos estado en los Alpes, en Marruecos. Hemos tenido experiencias con la altura, pero esto ya es un nivel más elevado. Una cosa es subir a 5000 metros y bajar, y otra es subir 5000 metros y quedarse una semana. Y esta es la única incógnita que tenemos, saber cómo se adaptarán a la altitud nuestros cuerpos. Si se adapta bien es perfecto, pero si no se adapta quizás no puedas cumplir con los objetivos previstos. Una cosa que me gustaría resaltar es que se trata de una expedición solidaria. Hace tres años que trabajamos con la fundación Muntanyencs per l'Himalaia, con proyectos educativos en Nepal. Sacan a la gente joven de los pueblos más remotos, los llevan a Katmandú y les proporcionan una formación para que tengan un futuro mejor y que puedan encontrar un trabajo que no sea solamente subir ochomiles como serpas de altura. Cuando vayamos hacia allá también llevaremos ropa. Es una parte bonita de la experiencia. Vamos a escalar, pero podemos llevar alguna cosa a ese país.
¿Cuál es su relación con Mequinenza?
Yo nací en Barcelona, pero todas mis raíces son de Mequinenza y pasamos muchas temporadas aquí. Recuerdo pasar los veranos enteros en Mequinenza; Semana Santa, Navidades, fines de semana... He vivido en el Vendrell y ahora en La Bisbal del Penedés, pero mi sensación siempre ha sido que mi pueblo es Mequinenza. Me siento catalán, pero tengo una gran estima por Mequinenza y su gente. Con el paso de los años, tienes obligaciones: familia, trabajo, la montaña... No puedo ir de la forma habitual con la que iba de pequeño, pero tengo mi grupo de amigos. A mis hijos también les gusta estar en Mequinenza y les intento transmitir mis sentimientos por Mequinenza.
¿Cómo explica esa gran estima por el poble que sienten los mequinenzanos, incluso usted, que no ha vivido de forma regular en Mequinenza?
Es muy difícil de explicar. No he visto nunca a una gente tan orgullosa de su pueblo como los mequinensans. Tal vez se deba al hecho de perder el pueblo viejo y que se haya producido un corte sentimental.
¿Ya tiene preparado el pregón?
Ya lo tengo terminado, pero seguro que al final habrá alguna modificación. He leído muchos pregones. Cuando me comunicaron que me habían elegido, me dediqué a documentarme. Tenía claro que quería hacer un pregón un poco divertido. He ido a buscar un pregón con humor, participativo con la gente. Espero que a la gente le guste. A mi pareja, que es la persona más crítica conmigo, le ha gustado mucho, y eso me ha dejado tranquilo.
¿Con qué ánimo tienen que venir los mequinenzanos a escuchar su pregón?
Con el ánimo abierto y con ganas de pasarlo bien, porque intentaré que no se aburran mucho. n
TRAYECTORIA PROFESIONAL
Si sus aficiones no son muy comunes, tampoco lo es su profesión: es técnico y probador de vehículos en su fase de investigación y desarrollo, en la empresa Idiada. ¿En qué consiste su trabajo?
Trabajo probando vehículos que tienen que salir al mercado. Pruebo las prestaciones de un vehículo y pasamos los datos a nuestros clientes. Es un trabajo confidencial, porque son modelos que no están a la venta.
¿Qué estudió?
Realización de cine y televisión. Y he trabajado varios años en televisión como productor y realizador.
¿Y ese cambio radical?
Llegué a un momento de bloqueo importante en mi trabajo en la tele. Necesitaba un cambio profundo, por dos o tres años. Entré en este trabajo como conductor, con los años he ido haciendo bien mi trabajo y aprendiendo, y ahora tengo un puesto mejor. Este trabajo me ha ido gustando tanto, y me ha dado estabilidad, por lo que he dejado aparcado el anterior, lo que no quiere decir que no vuelva. Mi trabajo actual me permite disfrutar del fin de semana, de las vacaciones, ir más relajado y poder dedicarme a mis aficiones. Antes lo único que hacía era trabajar las 24 horas del día.
Entrevista publicada en La Voz nº 1673, especial Santa 2014, de 15 de septiembre de 2014.

