Escarp, ¿sepultura de la reina doña Blanca d’Anjou?

Con la llegada del papa Bonifacio VIII a trono pontificio, Aragón y Anjou, que habían vivido enemistados, firmaron la paz y, en prenda de la buena amistad, el de Anjou ofreció a Jaime de Aragón la mano de su hija doña Blanca. El de Aragón renunciaba a sus derechos en Sicilia, y el papa le concedía a Aragón Córcega y Cerdeña. Paralelamente, Jaime debía renunciar a la promesa de casarse con Isabel de Castilla, alegano la negativa del papa a la renuncia matrimonial de la infanta castellana, reclamando el de Aragón los dos castillos y pueblos que había en prenda como alianza de matrimonio con Castilla (Huesca, Gerona, Prades, Calatayud, Algeciras, Morella, Cervera y otras).

La joven Blanca de Anjou, acompañada de su padre y del legado papal el cardenal Sanclemente, fue trasladada en brillante comitiva desde Motpellier a Perpiñán, donde se encontró con los embajadores del rey de Aragón, entre ellos Berenguer de Lauria. El rey, acompañado de su hermano Pedro, había partido a su vez desde Barcelona a Gerona, y de ahí a Peralada. Se convino que el acto matrimonial podía celebrarse en el monasterio de SanVilabetrán (Gerona). Este sello de amistad con la casa de Anjou había de hacerse más fuerte con los enlaces de las hermanas de doña Blanca, María y Leonor, como esposa de don Sancho rey de Mallorca, y don Fadrique, rey de Sicilia.

Después de ocho días de festejos nupciales, los familiares de la contrayente regresaron a Francia por Perpiñán, entonces territorio de la Corona. En las navidades de 1292 doña Blanca fue reconocida y coronada en Zaragoza en medio de un extraordinario júbilo.

En agradecimiento a las buenas atenciones que el infante Pedro, hermano el rey, festejó a la nueva reina, esta propuso a su esposo que le concediera esposa y una buena servidumbre. Eligieron por esposa del infante Pedro a Guillerma de Montcada, hija de Gastón de Bearn, y la hicieron dueña de numerosos castillos, ciudades y lugares, dotándoles de un séquito de 300 caballeros. Lamentablemente el infante don Pedro murió en el sitio de León de 1297, dejando a Guillerma de Montcada como una de las damas más ricas de la Corona.

La reina doña Blanca fue madre de cinco hijos y cinco hijas. Residió casi todo el tiempo de Barcelona. Su primogénito y heredero a la corona renunció a la misma para hacerse fraile, pasando la primogenitura hereditaria a su hermano Alfonso, que se coronó rey sucesor. Su hijo Juan fue arzobispo de Toledo. Los varones más jóvenes fueron don Pedro y don Ramón Berenguer. De las cinco hijas, la mayor, María, después de casarse con el infante Pedro de Castilla, abrazó la vida religiosa en el monasterio de Sijena; doña Constanza, esposa del infante Juan, hijo del conocido infante don Juan Manuel de Castilla; Isabel contrajo matrimonio con Federico, duque de Austria; Blanca fue priora del monasterio de Sijena; y Violante, la menor, casó dos veces, la primera con Felipe, déspota de Rumanía, y, en segundas, con don Lope de Luna, señor de Segorbe, hijo de Margarita de Montcada de la rama de Fraga, parientes estos últimos del papa Luna y de la reina Elisenda de Montcada, cuarta esposa de Jaime II.

Fallecida la reina doña Blanca de Anjou en 1310, su cuerpo fue enterrado en el monasterio de Santes Creus. Su hijos e hijas quedaron bajo la tutela de doña Constanza, su tía abuela, emperatriz de Constantinopla, que hubo de huir de sus posesiones orientales ante la usurpación de Miguel Paleólogo de la corona de su padre Teodoro Láscaris II. Doña Constanza, con sus hijas, desempeñó un gran papel en la Corona de Aragón enlazando en matrimonio a sus hijas con las mejores familias del momento: por ejemplo, Dª Beatriz, con el noble don Guillermo de Montcada de Fraga; doña Yolanda de Láscaris con el noble aragonés don Pedro de Ayerbe; Vataca de Láscaris fue trasladada a Castilla junto al infante Alfonso.

El 8 de noviembre de 1315, cinco años después de fallecida la reina doña Blanca, el rey Jaime II de Aragón autorizaba el traslado de los restos mortales de su primera esposa al convento monasterio de Escarp. En carta datada en Barcelona notificaba al venerable fr. Guillermo, obispo de Lleida, que ya había concedido al monasterio de Escarp el traslado del cuerpo de la señora doña Blanca, reina de Aragón, su consorte. El acto debía celebrarse en la fiesta de San Martín, o sea, el 17 de noviembre, contando con el consentimiento de todos los obispos y demás próceres de cualquier ciudad de Cataluña que, además, debían estar presentes en dicho traslado y sepultura en el convento de Escarp.

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