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Orígenes de Avinganya (3) Convento-panteón de los Montcada

Los beneficios y rentas al monasterio de Avinganya de Serós se ampliaron en años sucesivos. En 1218 el cura de Aitona, Guillermo Sabater, hizo entrega al convento de Avinganya y a la Orden de la santa Trinidad del importe de los diezmos y primicias de varias tierras, concretamente de aquellos que pertenecían a la iglesia de Aitona. Al año siguiente, Avinganya de Serós recibía –en manos de su ministro fr. Berenguer- un importante donativo de 500 maravedís, coincidiendo con el entierro de Bernardo de Bellvís, descendiente de aquel Bellvís que obsequió la torre a la orden de la Santísima Trinidad. Tal cantidad se utilizó para la obra de la iglesia, estructura que todavía se aprecia hoy después de las últimas reformas. Para atender plenamente tan importante suma, los Bellvís hipotecaron el castillo de Bellestar, y el castillo de Sucs (Lleida), pasando ambos a propiedad del convento si su mujer María –entonces embarazada- muriera sin prole.

Otra donación importante a favor de convento de Avinganya de Serós se produjo en 1220. Corresponde a la de Guillermo de Cervera señor de Mequinenza, en su estancia en Fraga, quien les cedió el lugar de Bao, con todas sus tierras y pertenencias y otorgaba el derecho de pastar ganado en todas sus posesiones o el derecho para tomar leña en Mequinenza, y en cualesquier lugares y tierras de sus estados. Este Guillermo de Cervera fue el padre de Sibila de Cervera, esposa de Ramón de Montcada hijo de doña Constanza, la infanta real casada con el nobilísimo Guillem Ramón de Montcada. Personajes que de inmediato entrarán de lleno en la historia del convento de Avinganya.

Avinganya de Serós convento mixto
Pero las obras y el sustento de la casa-convento de Avinganya de Serós debieron resultar insatisfactorios para la construcción del monasterio y manutención del convento, pues al llegar a 1236 las deudas de Avinganya resultaron ser muy elevadas. Por causa de estas deudas, los padres trinitarios de Avinganya de Serós –primera fundación de España- motivó una importante transformación: la conversión de Avinganya de Serós en monasterio femenino, cuando la infanta doña Constanza, hija natural del rey Pedro II de Aragón, y esposa del citado Guillem Ramón de Montcada, ya viuda y con tres hijos, fundó la parte femenina trinitaria en dicho convento, y en consecuencia, se convirtió en su primera priora.

Doña Constanza se había casado en 1212 con Guillem Ramón de Montcada, menescal, recibiendo por dicho matrimonio los derechos feudales de las localidades de Serós, Aitona y Massalcoreig. Éste fue el origen de la Baronía de los Montcada en el Segre. De este matrimonio nacieron diversos hijos, que, además de extenderse por ambas riberas, fueron los protagonistas de las campañas en Mallorca, Valencia, Alicante y Murcia, lugares en los que se establecieron los Montcada con diversas propiedades. Al enviudar doña Constanza quiso tomar vida religiosa. La solución se la ofreció su hermano, el rey Jaime I de Aragón, al dotarla con un convento de su fundación: Avinganya de Serós.

La concesión a doña Constanza de Aragón -hermana del Jaime I, habida fuera del matrimonio por el rey Pedro II de Aragón- correspondió el 3 de abril de 1236, cuando fr. Nicolás, ministro general de la Orden Trinitaria, de acuerdo con Fr. Pedro, provincial de Cataluña y Aragón, junto con fr. Pedro, procurador de Avinganya, y otros frailes del mismo convento, le concedieron la casa de Avinganya de Serós. Dicha concesión incluía todos los demás bienes, inclusive las propiedades que poseían en honor en Fraga.

Esta nueva cesión presentaba una singularidad: convertía la antigua granja o torre de Avinganya de Serós en monasterio femenino, o sea, para hijas de nobles. Sin embargo, no desaparecieron los frailes varones que continuaron al servicio del monasterio en sus propias dependencias. Doña Constanza debía transformarlo, e instalar en él a doce monjas trinitarias. Debía conceder asimismo los estatutos que debían observar, aunque atenuando un poco el rigor de la regla de los trinitarios varones. Para ello, doña Constanza prometió observar dichos estatutos, y se comprometió a pagar 700 mazmudinas de oro y 200 sueldos jaqueses que adeudaba en dicha fecha la citada casa de Avinganya.

En 1242, doña Constanza, primera priora de Avinganya, reconoció en favor del señor rey don Jaime su hermano, haber recibido los lugares y castillo de Aitona y Soses que les habían dado a cambio de otros castillos como Camarasa, Cubells, Montgay y Villagrasa, la cual dejaba para el conde de Urgel y la corona. Ese mismo año, el rey Jaime I emitía un documento para clarificar que los territorios bajo su corona eran patrimoniales, y por lo tanto, distintos. Sus indecisos intentos de fijar las fronteras entre cada uno de dichos territorios provocó no pocas tensiones entre aragoneses, valencianos y catalanes. Fricciones que han llegado a nuestros días, como por ejemplo con la cesión del término de Valdurrios a los hombres de Caspe en los años cincuenta del siglo pasado.

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