Artículos

    ¿La caída del capitalismo?

    Todos hemos oído hablar de la “caída del Imperio Romano”. Más recientemente, la mayoría de nosotros hemos vivido otra caída, diferente, pero también traumática para muchos, la “caída del comunismo” en los 90; el  político, ya que el económico había demostrado su inviabilidad muchos años antes.
    Se está comentando, a raíz de la actual crisis, que el capitalismo igualmente está en caída libre e imparable, pero también en este sistema existen dos aspectos: uno es el capitalismo económico, que es el sistema financiero que a día de hoy (y por los siglos de los siglos) rige este mundo en todas sus facetas. Este goza de muy buena salud, funciona casi solo, como pulsos va produciendo ciclos de vacas gordas y vacas flacas, en manos de cuatro (como siempre) dominando a muchos (como siempre). Es el sino y esencia del ser humano, tiene su caldo de cultivo en nuestra soberbia y avaricia, podríamos decir que casi genética, nuestra carencia de solidaridad, de la buena, de la de día a día, callada y eficaz; no la que aplicamos en catástrofes, sino la que nace de entender, con sentido común, que la tendencia a la igualdad es el estado físico de la vida en todas sus formas; observen a la naturaleza y vean su predisposición a un sano equilibrio. El ser humano es el único elemento que se sale de esa tendencia y de ahí su afición por un sistema (capitalista) tan costoso, duro, cruel y demás epítetos malvados que se les puedan ocurrir.
    Como digo, esa cara del capitalismo es la que no está en crisis, ni lo estará. Lo único que está pudriéndose de fuera a dentro es el capitalismo político, lo que muchos vienen llamando hoy parlamentarismo, que no es más que la “cara” amable con que el capitalismo económico, abandonando su forma social natural de dictadura, logró colarse en nuestras vidas como el menos malo de los sistemas. Gracias al cohecho, a la corrupción política, el actual sistema de gobierno, en teoría representativo de voluntades, está desmoronándose como ídolo de barro.
    Es incapaz de enfrentarse a quien lo creó, es ineficaz por naturaleza.
    Pienso que quizá sea este el momento de que, apoyándonos en el dicho de que “no hay mal que para bien no venga”, nos deshagamos de esta falsa representación política y creemos un nuevo estatus, cojamos nuestras ancianas experiencias y juntémoslas con las ideas de movimientos jóvenes, aunque ahora nos parezcan ilusas. Empecemos ya a inventarlo; si no damos un primer paso, jamás saldremos de esta situación, el capitalismo económico (léanme materialismo) que nos deshumaniza  se nos comerá por la cabeza.
    Estamos tan tan apurados que no podemos despreciar ni hacer burla de ninguna idea, y más viniendo de quienes les tocará vivirlas y ponerlas en práctica. Así empezaron grandes movimientos sociales de la historia como la Revolución Francesa, donde una multitud de personas de clase baja, también indignados hasta los huev.. , tomaron las calles y echaron abajo siglos de ataduras, y podríamos decir que se empezó a tomar clara conciencia de los derechos humanos tan pisoteados por el actual sistema con la mediación de nuestros políticos por inocente ignorancia  unos y hábil comprensión de otros. Pido paciencia a los jóvenes; también a los que asaltaron la Bastilla les tildaron de subversivos, hoy son héroes.
    Sirva mi escrito de apoyo a cualquier iniciativa que esté en el camino de cambiar esta situación insostenible, un servidor ya estoy hormigonado en el sistema y mi brazo no me alcanza para empujar, pero como diría Cyrano de Bergerac: “Aún puedo usar mi pluma y… mi penacho”.
    Hasta la próxima; ánimo, casi, pero aún no está todo perdido.

    Antonio Ribes Labrador


    Contacta

    La Voz Edita y Comunica

    Candasnos 1, 2ºA
    22520 Fraga
    Teléfono: 974 471 487

    lavoz@lavozdelbajocinca.com

    Síguenos