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Sábado, 19 de marzo de 2011

Cuando Luís Figuerola Ferreti y Javier Capitán estaban en RNE, con Julio César Iglesias, había un espacio de humor en el que Figuerola imitaba al malogrado Calvo Sotelo, don Leopoldo; el cual consistía en ver cómo contaba los chistes el desaparecido Presidente. Para contar los chistes, siempre lo hacía de la misma forma: comienza el chiste… y después desplegaba el argumento.

  Esta misma cantinela es la que podría aplicar Rodríguez con las distintas medidas que ha aplicado en el último año (con más de dos de retraso, pues antes –según él- no había crisis); y el último chiste suyo es el de rebajar la velocidad a 110 km/h. Hasta ahí, nada que objetar, si ello fuera una medida eficaz y eficiente. Pero resulta que no lo es.
  A ver, ¿si lo hay?, quién es el guapo que va por la autopista a 110 km/h (cuando precisamente se paga peaje para ir más rápido, seguro y acortar los trayectos), si resulta que casi va a la misma velocidad por la N-II. Además, de ahorro nada, pues si 20 céntimos de euro en cien kilómetros son un ahorro, necesitamos cuarenta años para pagar la deuda que hemos acumulado.
  Lo que sí va a subir es el volumen de multas y de sus cuantías, pues al ser mayor el margen entre lo permitido y el punto de velocidad, los radares (y la Guardia Civil) saltan antes y, estos sí, tienen más amplitud para la denuncia. Pero, cuidado, en este alegato el Gobierno se ha cuidado muy mucho de no tocarle los c… al ciudadano con el tema de los puntos (ha mantenido los límites para la retirada de puntos), pues de lo contrario se podría provocar una revolución tipo Libia, Túnez, etc.
  La medida no sería de chiste si realmente se quisiera aplicar gravámenes sobre los combustibles, penalizando al que coge el coche cuando no lo necesita. ¿Cómo? Elevando, de verdad, el precio de los carburantes y rebajando, de verdad, el precio de los billetes de trenes y autobuses, y poniendo precios especiales a los transportistas. De esta forma se incrementaría la demanda del transporte, en todos sus apartados. Contar chistes no es fácil, pero para contarlos malos o sin gracia, es mejor no contarlos.

Chsss! Chsss! Que viene, que viene.
  Firma: S. J. L.

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