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El despertar de los recuerdos PDF Imprimir E-mail
Jueves, 04 de noviembre de 2010

Día 17 de octubre de 2010. 11.15h de la mañana, en un día soleado, un cielo azul con ligeras motas de nubes grises. Ahora mismo estoy sentada en el primer banco del Segoñé. Pocos son los vecinos que pasean por la calle, alguno cruza ante mí y me mira con ojos desconcertados, sonríe y sigue su marcha. Hoy Fraga todavía está dormida.

Miro hacia lo más profundo del paseo y descubro a la Fragatina, siempre firme y esbelta, símbolo de nuestros ancestros. Mi mirada poco a poco se desliza, guiada por el sol, remoloneándose unos instantes en el nacimiento del Revol y deteniéndose en el Flavia. En estos momentos se está produciendo una escena común y cotidiana entre nosotros (hasta el momento): la gente aguarda cola para encargar calamares, pollastres a l’ast, patatas bravas, caragols, conejo al ajillo y un largo etcétera. No para de entrar y salir gente del bar, pero hoy día 17 es la última vez que lo veremos tan lleno de vida.
A medida que escribo la calle se llena de gente y todos van a parar al mismo lugar, al Flavia. Lugar en el cual todos hemos compartido tantos momentos... Tantos vermutets de por la mañana, tantos cafés de los martes, tantas cañas, coca-colas -y cafés con leche descafeinados de máquina en dos sobrets i mig de sacarina fill- de cualquier día. Poco importa, o importaba, la hora y el motivo para ir al Flavia.
Pero, ahora: cerrad los ojos y pensad en todos y cada uno de ellos, en lo especiales que fueron aquellos momentos y sólo por el mero hecho de vivirlos allí. Pensad con quien los compartisteis. Una comida familiar, una cena de amigos quizás, el anuncio de una boda, la coca-cola que servía de excusa para quedar con algún xiquet o xiqueta, o simplemente para echar unas risas con los amigos.
No me disaré lo vermutet de después de misa, que totes les dones corrien pa’ agarra puesto, desde la piasa san Pere hasta lo Segoñé. Tantos pilares que hemos vivido viendo las carreras de cuádrigas, de rucs o les galeres... desde la finestra dels lavabos (¡que no se entere la Quima!!). Tanta gente diferente y de tantas edades, tantos momentos compartidos... y tan sólo por el hecho de que allí fueran vividos ya eran especiales.
Hoy, también ha sido mi última coca-cola en el Flavia, mi último vermouth, y la melancolía ha recorrido todo mi cuerpo, llegando hasta mi alma. Un sentimiento compartido con todos vosotros, imagino. Y al salir no he podido evitar echar una última mirada panorámica al interior del bar, una mirada retrospectiva al interior de la sala, escenario de tantos momentos y de tantos días que jamás pasaran al olvido.
Solo me queda decir que hemos sido tontos al dejarlo perder... al dejar que se fuera, al dejar que el Flavia desapareciera. Ya que con él muere una parte de Fraga, una parte del Segoñé... desaparece una parte de nosotros también.
Gràcies Miquel i Quima per tants anys d’alegria!

Helena BL

 

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