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    La insaciable

    Hay cosas que no cambian aunque se digan como se digan, se hable con quien se hable, y se utilicen los caminos que se quiera para ello. Pero lo que sí debe cambiar es que hagamos todo lo posible, que esté en nuestra mano, para cambiar esas directrices.
    Que Cataluña es insaciable no es nada nuevo y tampoco que no se haga nada desde esta nuestra comunidad para que cambien algunos procederes y procedimientos, pero sí que lo es que cada vez son más instituciones, más empresas y editoriales las que colocan en sus informaciones, elementos, puntos y documentos (por no hablar de los bienes) como pertenecientes e integrantes de la cultura o territorio catalán. Nada extraño, pues estamos asistiendo a un pancatalanismo digno de los mejores conquistadores y con métodos rayanos en lo dictatorial, con actuaciones propias del absolutismo y sin respetar ni la democracia ni a sus integrantes.
    Lo curioso es que nadie con potestad alce la voz y ponga ya, de una vez, los puntos sobre la íes. El bueno de don Marcelino (en catalán Marçelí) Iglesias, presidente de esta nuestra comunidad, debería ya, de una vez, dejarse de buenas palabras, zarandajas y diplomacias, y coger el toro por los cuernos; y si hay que ir, se va y se pegan cuatro gritos donde sea menester.
    En Aragón asistimos impertérritos a todos los atropellos que nos quieran hacer, no alzamos la voz para nada y no defendemos lo nuestro ni aunque nos estén matando. (El Sr. Iglesias solamente ha levantado el sonido de sus palabras por motivos electorales y de votos, cuando el trasvase del PP se puso sobre la mesa, pero omitió su voz a ese mismo trasvase cuando ya estaba firmado –la lluvia convirtió en papel mojado ese documento). Nuestro Estatuto no se respeta, ni se tiene en cuenta el Pacto del Agua ni se atiende a las peticiones que, con toda legitimidad, se hacen allá donde el eco no rebota ni suena con suficiencia para contrarrestar los desmanes de la insaciable Cataluña.
    Que ahora el Aneto sea catalán no es más que una más de las que se gastan ellos, ya que no es la primera vez que este pico figura como catalán en algunas publicaciones y libros de educación. Tampoco es el único elemento que se anexionan sin contar con nadie ni pedir permiso ni respetar lo ajeno. Ahora bien, si se trata del Archivo de Salamanca o de cualquier otro tema que Cataluña considera que es propio, nadie osa poner ningún impedimento a las ambiciones ni deseos de catalanidad. Como cada comunidad establece su particular reino de taifas, nadie quiere contradecir a los entrecomillas más poderosos. En este caso a la insaciable Cataluña.
    Chsss! Chsss! Que viene, que viene.


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