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Especial Nuevas Tecnologías 2013
Fraga en el caso de los Pastorells (y 3)

Durante el mes de agosto de 1320 se ejecutó en último suplicio a una cuarentena de Pastorells en Barbastro, Huesca y Jaca, lugares de regreso de los franceses. Sus cuerpos debieron ser exhibidos en lugares públicos como una fórmula de inhibición y manifestación del poder real. Las multas, siempre muy elevadas, ocuparon numerosas causas. Inclusive se ejecutó en forma pública al aragonés Pedro Sánchez Lazcano, por haber ayudado y conducido hacia Barbastro a los dichos Pastorells. No obstante, se le conmutó el suplicio de la horca por el de decapitación, por ser hijo de caballero.
Es más que probable que, en medio del ajetreo de los enterramientos de Monclús, algunos de los judíos llegados de diversas aljamas se encontraran con un gran desorden por parte de las autoridades. No obstante, los abusos cometidos fueron innegables. Es el caso del judío de Barbastro Baruch Manya. De él sabemos que el 6 de octubre de 1321 el infante Alfonso comunicaba a Pedro de Canellas, justicia de la Ribagorza, que permitiera ocupar las casas que fueron de dicho judío, acusado de Pastorells en los sucesos de Monclús, y por las que pagaba 120 sueldos al infante, a su escribano Pedro Gombaldo. ¿Por qué iban a ser perdonadas todas las aljamas, inclusive la de Fraga?

La razón debemos encontrarla en los intereses políticos del monarca y del propio infante. Las represalias a los franceses escondían otra medida que se llevó a rajatabla: la devolución de todo lo robado. Los juicios e interrogatorios fueron exhaustivos. Nadie podía llevarse hacia Francia ninguna posesión que en realidad era pertenencia del rey. De la misma forma que pertenecían al rey los mismos judíos y sus bienes. Por ejemplo, para los robos cometidos en Naval fueron nombrados dos jueces, Esteban Gil Turín y el judío Damián Martínez de Aladrén, ambos miembros de la casa del infante.
El rey Jaime II explicaría de manera particular a su hijo el infante Alfonso, marido de Teresa de Entenza, señores de Alcolea de Cinca, que debía perdonar las multas a las aljamas judías. La causa debía mantenerse abierta, como una forma de intimidación, pero debía absolverles, porque recientemente las aljamas le habían ofrecido 200.000 sueldos de jaca para que pudiera comprar el condado de Urgel y el vizcondado de Ager para el dicho primogénito Alfonso. Es decir, debía evitarse que se evitara la satisfacción del pago prometido para la compra de aquellos títulos y señoríos. Aún a sabiendas que debía perdonarles, se reunió con el nuncio de la aljama de Fraga para tratar de la satisfacción de pago a través de su tesorero Francisco Ferriol, y nombrando recaudador de la multa a Berenguer de Cirera.

Ignorante de la estrategia real, a primeros del año 1321 volvió a presentarse ante el infante el nuncio de la aljama de Fraga. En el palacio de Lérida le explicaba su versión de los hechos ocurridos en Monclús, y solicitando el perdón de la sanción impuesta de los 5.000 sueldos. Naturalmente ya estaba concedida de antemano, a cambio de pagar una contribución extraordinaria por la compra del condado de Urgel y del vizcondado de Ager.

Todavía en el año 1328 los Pastorells franceses entraron nuevamente por Navarra dañando numerosos lugares y masacrando toda la aljama de la localidad de Estella, donde dejaron sus cuerpos tirados por las calles. Al parecer, el historiador y superviviente M. Ben Seraq dejó escrito que las autoridades locales actuaron con pasividad en aquellos hechos, o incluso con connivencia, para aprovecharse de la ocasión. Las represalias fueron también muy duras: fueron multados unos noventa concejos navarros.           
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