Crisis moral y económica PDF Imprimir E-mail
Lunes, 08 de Febrero de 2010 19:56

Hace unos meses un catedrático de economía, no creyente y profundamente anticlerical, comentaba en su página web que había escrito un par de artículos sobre la dimensión moral de la crisis. Y lo hago, decía, “porque cuantas más veces me digan los liberales que soy un demagogo por hacer este tipo de reflexiones, más veces y con más insistencia voy a volver a hacerlas”... Lo que estamos viviendo (la crisis) es la consecuencia de una gran perversión, de una inversión radical de principios, de un largo proceso de incivilización y autodestrucción.

Algo parecido han dicho nuestros obispos en el documento Declaración ante la crisis moral y económica: “Somos conscientes de la gravedad de la situación en la que nos encontramos, por causas que tienen su origen en la pérdida de valores morales, la falta de honradez, la codicia, que es raíz de todos los males, y la carencia de control de las estructuras financieras, potenciada por la economía globalizada”.

El capitalismo al desnudo nos muestra su radical inmoralidad y esta puede ser percibida por creyentes y no creyentes. Lo que la Iglesia viene diciendo desde León XIII se nos muestra ahora con total nitidez desde el mundo de la increencia. Esto es muy importante, porque la crisis económica no tendrá una salida positiva mientras que no se superen “la pérdida de valores, la falta de honradez, la codicia y la carencia de control de las estructuras financieras”, que han estado en el origen de la misma. Una prueba de esto es que ya se está hablando de crecimiento económico sin generación de empleo como salida previsible de la crisis.

Ante ello es muy importante que el documento recoja las recomendaciones sobre la calidad del empleo contenidas en la encíclica “Cáritas in Veritate”, núm. 63, un trabajo decente que “sea expresión de la dignidad esencial de todo hombre y mujer: libremente elegido, que asocie a los trabajadores, hombres y mujeres, al desarrollo de su comunidad; que haga que los trabajadores sean respetados, evitando toda discriminación; que permita satisfacer las necesidades de las familias y escolarizar a los hijos sin que se vean obligados a trabajar; que consienta a los trabajadores organizarse libremente y hacer oír su voz; que deje espacio para reencontrarse adecuadamente con las propias raíces en el ámbito personal, familiar y espiritual; que asegure una condición digna a los trabajadores que llegan a la jubilación” (núm. 5). Cuando casi todos apuntan a la desregulación del trabajo como medida necesaria para la creación de empleo, exigir un trabajo decente supone ponerse del lado de las víctimas, que es lo que la Iglesia debe hacer.

Plantear la dimensión moral de la crisis en una sociedad en la que se han perdido las referencias de la moral implica realizar una llamada urgente a la necesidad de redefinir los fundamentos y los contenidos de la misma. Ello es necesario para dar respuesta adecuada a los problemas que tiene el hombre. La Iglesia afirma que no hay verdadero desarrollo sin Dios (núm. 3), pero será necesario confluir con otras creencias religiosas y con los no creyentes para construir los fundamentos morales de la nueva humanidad, tarea que se nos muestra como necesidad perentoria ante la barbarie que vivimos. Pero confluir no es “cortar y pegar”, confluir es hacerlo en la verdad, y estimamos que en estos momentos el mejor camino es la lucha por la justicia y el diálogo en torno a ella. El amor cristiano es inseparable de la justicia, y como Dios es Amor, la justicia se nos presenta como el camino hacia la Verdad. Vivimos tiempos de esperanza.

  [Volver]

© La Voz del Bajo Cinca Publicidad, S.L.U. All rights reserved.